Matías tenía la cabeza grande pero más grande todavía las orejas. Cuando se enojaba le nacía de nuevo una mancha de nacimiento que sólo se le veía en ese momento y la vena se le hinchaba tanto que parecía un sapo. Las cosas por las que se enojaba eran: por que le mojen la remera, por que le peguen en la espalda fuerte con arena. Le decíamos Azucarera y no le molestaba tanto si se lo decíamos los más amigos, pero se le hinchaba la vena si se lo decían para joderlo. También cuando era más chico, tenía los mocos muy verdes y no había una vez que saliera de abajo del agua de la pileta de mi abuela y no tuviera uno colgando. No le importaba mucho y se lo sacaba cuando le decían y lo tiraba en la pileta no tan lejos como todos querían. Más que nada las mujeres, pero a mí también me molestaba lo de los mocos aunque no lo decía. Matías era mi primo. Era de Boca pero su papá de River.
La pierna de mi hermano estaba entre la cara de mi viejo y yo. Colgaba de arriba y no se había dado cuenta de que todos los demás en la casa estábamos despiertos menos él que era más chico. Dormía con una remera de He Man un poco más grande que yo ya había usado pero no la usaba más. Roncaba un poco. Yo me pasaba la mano por los ojos y escuchaba como Tomás roncaba mientras mi viejo estaba por hablarme o esperaba que me termine de despertar.
La mesa de la cocina era muy grande, más grande que cualquier mesa que yo haya tenido después alguna vez en mi vida o hubiera visto antes de ese momento. El mantel de lejos parecía de tela pero estaba recubierto por un plástico como el forro con el que mi vieja cubría los cuadernos de comunicaciones. Esto hacía que las migas fueran más fáciles de sacar que en un mantel común y a mi vieja le gustaba mucho tanto que habría que tener uno de estos en casa pero te imaginás a nosotros con uno de estos en casa, y ella y mi tía se reían de lo que sería tener uno de esos manteles en casa o una de las sillas de mimbre pintadas de blanco con almohadones de tela con flores que había delante de la tele en la casa de Miramar. Mi mamá se sentaba en alguna de las sillas qué cómodas que son decí que son horribles pero la verdad que son comodísimas y ahí de nuevo se reían con mi tía o con alguna otra amiga vestida con traje de baño arriba y un short abajo, con ojotas yendo a misa.
Ahora no se reían. Yo miraba el mantel y mi viejo me traía un café en una de las tazas blancas de la casa de Miramar mientras mi vieja lloraba en el teléfono medio gritando en voz baja que es un horror, la verdad que es un horror, qué querés que te diga. Yo miraba el mantel y después las sillas blancas de mimbre para ver si el horror eran las sillas y el mantel y ahora venían las risas y mi tía pero lo único que llegó un rato más tarde fue mi tía con el auto en marcha que Gustavo está en la comisaría y nosotros ya estamos yendo para allá, los chicos duermen en el auto, lloraba mi tía.
CONTINUARá
por lucas
martes, 2 de diciembre de 2008
lunes, 1 de diciembre de 2008
Bicho Bolita II (un cuento en partes)
Todavía intentaba saber qué era cuando una mano me movió el cuerpo. Me senté en la cama que todavía era desconocida porque habíamos llegado a Miramar hace pocos días. Lo que me hacía arder las rodillas era la arena y al final mi vieja tenía razón, había que bañarse antes de irse a dormir. Yo tardaba varios días en hacer de la casa una casa, y todavía no lo había logrado. Las sábanas eran muy verdes y la única ventana, chiquita y alta, hacía que, fuese la hora que fuese, yo siempre creyera que todavía era de noche.
Esta vez era de noche de verdad. Eran las cuatro de la mañana y me acuerdo bien porque el reloj de mi viejo era muy grande. Era su reloj de playa. No es que él le llamara así, pero no era el mismo que usaba durante el año, con agujas, sino que éste era un Casio negro con hora sin agujas que yo también lo podía leer. Creí que teníamos que ir a la cancha. Fue lo primero que pensé, porque sabía que uno de esos días íbamos a ir a Mar del Plata a ver a Boca todos juntos apretados amontonados puteando que se puede dale boca en el auto. Pero la cara de mi viejo no era la de ir a ver a Boca y la cara de mi vieja que salía del hombro de mi viejo, parada contra la puerta, con camisón y los ojos rojos era bastante fea. Me dio miedo porque pensé que estaba todavía en el sueño por un momento porque ella estaba más a oscuras. Yo me acordé que faltaba para ir a ver a Boca porque si todavía no habíamos jugado el campeonato de truco no podía ser porque eso sí o sí sabía que estaba en el medio. No sé si al mismo tiempo creí que tenía que ir a comprar pan como algunas veces me tocaba que agarraba la bici, iba bien rápido y me gustaba saber que las calles se llamaban como números que yo podía ir contando y también calculando cuánto faltaba y cuánto tiempo tardaba en hacer por ejemplo siete cuadras entre la 40 y la 26, aunque ya los últimos veranos yo había cambiado de panadería porque mi vieja dijo que parece que la hija del panadero dice que Lucas es muy buen mozo y claro imaginate ella es de Miramar y viene Lucas que la verdad que es muy buen mozo y yo ya no quise ir más por si era fea o si me preguntaban algo y las veces que fui con mi viejo esperaba mejor en el auto.
Pero también cuando estaba tratando de pensar qué era la arena que me raspaba ya había escuchado la voz de mi vieja que mejor despertalo ahora y le decimos.
por lucas
Esta vez era de noche de verdad. Eran las cuatro de la mañana y me acuerdo bien porque el reloj de mi viejo era muy grande. Era su reloj de playa. No es que él le llamara así, pero no era el mismo que usaba durante el año, con agujas, sino que éste era un Casio negro con hora sin agujas que yo también lo podía leer. Creí que teníamos que ir a la cancha. Fue lo primero que pensé, porque sabía que uno de esos días íbamos a ir a Mar del Plata a ver a Boca todos juntos apretados amontonados puteando que se puede dale boca en el auto. Pero la cara de mi viejo no era la de ir a ver a Boca y la cara de mi vieja que salía del hombro de mi viejo, parada contra la puerta, con camisón y los ojos rojos era bastante fea. Me dio miedo porque pensé que estaba todavía en el sueño por un momento porque ella estaba más a oscuras. Yo me acordé que faltaba para ir a ver a Boca porque si todavía no habíamos jugado el campeonato de truco no podía ser porque eso sí o sí sabía que estaba en el medio. No sé si al mismo tiempo creí que tenía que ir a comprar pan como algunas veces me tocaba que agarraba la bici, iba bien rápido y me gustaba saber que las calles se llamaban como números que yo podía ir contando y también calculando cuánto faltaba y cuánto tiempo tardaba en hacer por ejemplo siete cuadras entre la 40 y la 26, aunque ya los últimos veranos yo había cambiado de panadería porque mi vieja dijo que parece que la hija del panadero dice que Lucas es muy buen mozo y claro imaginate ella es de Miramar y viene Lucas que la verdad que es muy buen mozo y yo ya no quise ir más por si era fea o si me preguntaban algo y las veces que fui con mi viejo esperaba mejor en el auto.
Pero también cuando estaba tratando de pensar qué era la arena que me raspaba ya había escuchado la voz de mi vieja que mejor despertalo ahora y le decimos.
por lucas
viernes, 28 de noviembre de 2008
Bicho Bolita I (un cuento en partes)
En el sueño había una casa muy chiquita. Como un cuarto muy chiquito en el que había una vieja o un viejo con una mesa también chiquita como la casa o el cuarto. El viejo o la vieja tenía las uñas tan largas que las usaba para escribir con una tinta en un papel mientras tomaba el té. Agarraba con las uñas unos terrones de azúcar que se manchaban con tinta y los tiraba directamente en su boca, como yo había visto una vez que lo hacía Diana la de Invasión V con unos ratones. Después, sin dejar de mirarme, tomaba de a poco sorbos de café. Tomaba un sorbo y me miraba pero ahí era cuando la cara le cambiaba de viejo a vieja o de vieja a viejo. Había un mosquitero atrás de la mesa y un extractor en el techo como si ahí hiciera mucho calor y una fila de mariposas negras que caminaban desde el piso hasta la mesa y también se las metía en la boca a las mariposas negras. Me miraba el viejo o la vieja mientras se metía las mariposas negras en la boca. Algunas revoloteaban un poco pero después dejaban de moverse una vez que pasaban unos segundos adentro de la boca. También tenía un plato como con bichos bolita disecados que de a ratos se los metía en la boca. Pero a esos los elegía. Muchos los miraba y reprobaba con la cabeza, escribía algo con su uña en el papel y los tiraba. A mí todo eso me hacía como doler la cabeza y también algo me hacía arder las rodillas cuando giraba buscando una posición más cómoda.
CONTINUARá
por lucas
CONTINUARá
por lucas
lunes, 24 de noviembre de 2008
A+B+H = 9
A
Estamos en una conversación
B
ya no lo sé
A
tendrás inquietudes quizás
B
todo es muy impostado, no como antes que era todo importado
A
me imposta poco y nada
B
en verdad me tengo q ir
A
me imagine
B
lo se
A
arrancate esa cabeza de una vez
B
ya lo hice una vez y salieron de adentro pueblos enteros
B
es mucha responsabilidad
A
mucha responsabilidad es manejar el universo a piaccere y no saber q hacer con el
B
eso y ser el que pide el helado, todos gritando, el que toma el pedido piensa que no es en serio, a nadie le gusta la menta granizada
B
muchas cosas por considerar
A
consideremos esto : cada cual elige su juego, pero jugar con fuego es peligroso y juegos de manos es de villanos.... no se puede jugar más a nada, que hago yo con todos estos juguetes a mí alrededor sin manos, sin pies ni ojos
B
es simple...buscás uno que no le guste a nadie, y ahí no te van a decir nada. pero a vos tampoco te va a gustar, a menos que tenga algo especial. yo tenía un robot con pilas sulfatadas que parecía de oro.
A
yo tenia un Frankenstein , sin tornillos no cicatrices.... creo q en realidad era otro personaje
B
yo tenía un castillo de palitos de helado todo de vale otro. lo llevé al kiosco y me dieron el castillo de greyskull
A
q impresionante, yo jamás tuve la suerte de q me toque un vale otro, una vez me toco un valet parking
B
ya lo sé, era yo, todavía sigo acá, buscando tu auto
A
en el espacio C4, patente BDR 333
B
el día
B
la mitad del diablo
A
si la otra mitad la deje en la vianda porque mi mama me dijo me podía empachar
B
siempre igual
A
como las sombras, siempre todo igual
B
la que come las sombras es la noche, viene, tarde, y no deja ninguna
A
porque esta a dieta, durante el invierno se come a los grillos, y a las cigarras y al calor
B
hay lugares donde la noche se come a la noche, ahí todos andan con la cabeza perdida y sólo tienen ATC
A
y tic-tacs vencidos
B
sólo hacen tic
A
eso es porque no les da el tiempo, sino si, sin o, sin i
B
sino es sin, sin n es si, sin i es s, sin s es in
A
sin ti, sin mi, sin los pulmones del pez de abajo de mi cama
B
sin ver que en verdad hay pirañas rodeando la boca del hombre que come rabas, esperando que busque la sal, que mire a otro lado, para meterse en su boca y matarlo por dentro, como buenos peces, en silencio, mudos como las haches
A
HHHHHHHHHH, acaso no dije nada recién ? esa cantidad de letras están destinadas a ser leídas pero nunca pronunciadas? Que maniaca mente malévola habrá echo esto?
B
creo que fue perón
A
el mismo que nació de su propio vientre dicen
B
como las plantas
A
naranjas limas
B
yo de naranja, abajo, y dulce de leche, arriba... él no se
A
siempre callado, no podemos venir a comprar un helado tranquilos, sin que este reverendo hijo de su madre se quede callado, siempre el mismo insolente
B
podes hablar gil, dale, decile al heladero lo que queres
A
pero decidí bien, porque la última vez querías uno de H, y sabes como se pone la gente cuando decís eso
B
me tengo q ir, los dejos a los dos
B
un abrazo, vean cómo hacen
B
me quedó uno solo
A
vos mira como naces
por unperroenelcirco
Estamos en una conversación
B
ya no lo sé
A
tendrás inquietudes quizás
B
todo es muy impostado, no como antes que era todo importado
A
me imposta poco y nada
B
en verdad me tengo q ir
A
me imagine
B
lo se
A
arrancate esa cabeza de una vez
B
ya lo hice una vez y salieron de adentro pueblos enteros
B
es mucha responsabilidad
A
mucha responsabilidad es manejar el universo a piaccere y no saber q hacer con el
B
eso y ser el que pide el helado, todos gritando, el que toma el pedido piensa que no es en serio, a nadie le gusta la menta granizada
B
muchas cosas por considerar
A
consideremos esto : cada cual elige su juego, pero jugar con fuego es peligroso y juegos de manos es de villanos.... no se puede jugar más a nada, que hago yo con todos estos juguetes a mí alrededor sin manos, sin pies ni ojos
B
es simple...buscás uno que no le guste a nadie, y ahí no te van a decir nada. pero a vos tampoco te va a gustar, a menos que tenga algo especial. yo tenía un robot con pilas sulfatadas que parecía de oro.
A
yo tenia un Frankenstein , sin tornillos no cicatrices.... creo q en realidad era otro personaje
B
yo tenía un castillo de palitos de helado todo de vale otro. lo llevé al kiosco y me dieron el castillo de greyskull
A
q impresionante, yo jamás tuve la suerte de q me toque un vale otro, una vez me toco un valet parking
B
ya lo sé, era yo, todavía sigo acá, buscando tu auto
A
en el espacio C4, patente BDR 333
B
el día
B
la mitad del diablo
A
si la otra mitad la deje en la vianda porque mi mama me dijo me podía empachar
B
siempre igual
A
como las sombras, siempre todo igual
B
la que come las sombras es la noche, viene, tarde, y no deja ninguna
A
porque esta a dieta, durante el invierno se come a los grillos, y a las cigarras y al calor
B
hay lugares donde la noche se come a la noche, ahí todos andan con la cabeza perdida y sólo tienen ATC
A
y tic-tacs vencidos
B
sólo hacen tic
A
eso es porque no les da el tiempo, sino si, sin o, sin i
B
sino es sin, sin n es si, sin i es s, sin s es in
A
sin ti, sin mi, sin los pulmones del pez de abajo de mi cama
B
sin ver que en verdad hay pirañas rodeando la boca del hombre que come rabas, esperando que busque la sal, que mire a otro lado, para meterse en su boca y matarlo por dentro, como buenos peces, en silencio, mudos como las haches
A
HHHHHHHHHH, acaso no dije nada recién ? esa cantidad de letras están destinadas a ser leídas pero nunca pronunciadas? Que maniaca mente malévola habrá echo esto?
B
creo que fue perón
A
el mismo que nació de su propio vientre dicen
B
como las plantas
A
naranjas limas
B
yo de naranja, abajo, y dulce de leche, arriba... él no se
A
siempre callado, no podemos venir a comprar un helado tranquilos, sin que este reverendo hijo de su madre se quede callado, siempre el mismo insolente
B
podes hablar gil, dale, decile al heladero lo que queres
A
pero decidí bien, porque la última vez querías uno de H, y sabes como se pone la gente cuando decís eso
B
me tengo q ir, los dejos a los dos
B
un abrazo, vean cómo hacen
B
me quedó uno solo
A
vos mira como naces
por unperroenelcirco
El camión
un cuento.
No todas las historias tienen que entenderse. Yo recuerdo que veía a una bruja en una película de la que nunca pude acordarme el nombre. Simplemente era esa bruja, esos ojos que cambiaban de tono. Yo tenía cinco años y la pantalla de la televisión me protegía de la posibilidad de esa bruja, pero también la hacía más real. Por las noches una bruja, por las noches una bruja y un niño sobre un árbol, una caminata. Por las noches los ojos de la bruja. No había una escena, simplemente era esa suma de elementos. Bruja, niño, árbol, camino. Por eso les digo que me escuchen, que no importa cómo suceden las cosas, ni hacia donde van, sino simplemente que sucedieron.
Como decía antes de que me interrumpan, la puerta del camión se cerró unos segundos después de que el Vasquito grite que vamos a pasar la noche acá en esta estancia, a eso de las seis tamos saliendo así que los despierto así no se amanecen en plena ruta y pueden mear tranquilos.
Pero la noche todavía tardaría una hora o unos cuarenta minutos más en llegar así que pude ver claramente cómo Manuel tomaba del pico de una Sprite de litro y medio ya casi sin gas. El camión era de esos grandes, de los que transportan mercadería, pero estaba por la mitad cargado mayormente con cajas de dulce de leche.
Si hay algo que recuerdo bien de ese rectángulo, es el olor que tenía. Era un olor muy fuerte, más fuerte que el del dulce de leche y costaba dejar de pensar en él. El Vasquito nos llevaba desde El Chaltén hasta Comodoro Rivadavia, cruzando toda una provincia que íbamos a ver solamente a través de la rendija horizontal que se formaba entre la pared que daba con la cabina y el agujero del desagüe. Tiene que usarlo más seguido al agujerito el amigo, no puede ser el olor a mierda que hay, se quejaba Matías.
Desde esa rendija, entraba la luz con la que lo veía a Manuel terminándose la Sprite. Antes de salir del Chaltén, desarmando la carpa a las apuradas con la noticia de que El Vasquito nos llevaba en pocos minutos, yo había alcanzado a comprar un pan casero, un sachet de mayonesa y la gaseosa.
Lo miré a Matías que ya casi estaba durmiendo o ahora diría que pensando en algo que no se muy bien qué era; en fin, estaba en otro lugar, apoyado contra la pared del camión, los brazos detrás de la nuca y la bolsa de dormir que le tapaba los pies y las piernas. Le pregunté si había meado antes de salir, calculando que serían las nueve y faltaban varias horas para que nos volviesen a abrir la puerta del camión desde el lado de afuera. Me miró como diciendo que tan boludo no era, mientras Manuel escupía el fondito de la gaseosa al grito de yo no.
Nos reímos los tres, aunque más que nada Matías y yo, y comenzamos a jugar a un juego que ya era habitual en el viaje: nos tirábamos los tres uno al lado del otro, cada uno en su bolsa de dormir. Uno de los de la punta imaginaba algo a su antojo (podía ser desde una rana hasta una alfombra) y luego lo decía a viva voz: te paso una rana. La rana imaginaria pasaba de la mente de uno de los de las puntas al del medio, que la transformaba en otra cosa o la vestía en su imaginación, o la acompañaba de algún nuevo amigo, y la mandaba para la mente del último de la fila. Así, desde una rana llegábamos a imperios de ranas azules vestidas de smoking y así hacíamos que pase el tiempo, que era el objetivo de casi todos los días del viaje.
Se que mientras cuento esta historia Manuel también tiene su versión. Se que pasó noches en vela buscando la manera de contarla y me encantaría saber cómo son sus párrafos, cómo cuenta cada personaje; si habla de ranas o de conejos. Tal vez en su historia él tomaba una Fanta, o no tomaba nada.
Teníamos también una caja de fósforos de las grandes. Cuando se hizo más de noche, cada vez que alguno de los tres prendía un cigarrillo el camión se iluminaba por unos segundos, nos veíamos las caras y, cada uno por adentro, chequeaba si ningún otra alma miraba nuestra reunión.
Era nuestro primer viaje solos, estábamos durmiendo en la parte trasera de un camión y sentíamos que el mundo era nuestro en cada uno de los flashes de fósforo que iluminaban la noche. Eso nos daba miedo, o la soledad, o la puerta cerrada del camión sin posibilidad de salir afuera hasta las seis de la mañana. Sabés el cagazo que tenía esa noche cuando te escuchaba roncar, me iba a decir Matías treinta años después mientras se vendaba antes de un partido de fútbol cuando le contábamos la anécdota del meo de Manuel al gordo Espinoza.
A las tres de la mañana (calculo que esa sería la hora), Manuel me despertó. Tengo que mear, sí o sí, me dijo con ojos desorbitados y completamente transpirado. Matías se despertó con mi risa y los dos nos quedamos escuchando cómo Manuel buscaba por todo el camión alguna manera de solucionar su problema.
Busqué la caja de fósforos. Quedaba uno sólo. Lo prendimos y con la risa de Matías se apagó. Mientras los minutos pasaban, los ojos no terminaban de acostumbrarse a la oscuridad. La rendija era muy chica y no era una noche de luna.
Yo también empecé a buscar la solución, porque Manuel estaba insoportable y no nos dejaba dormir. Después de unos minutos, tanteando en el piso encontré la botella de Sprite. La corté con un cuchillo que tenía en mi mochila, hice un embudo, y le dije a Manuel que la use de inodoro por el agujero del desagüe. Había algo que le daba vergüenza en esto de arrodillarse con el culo al aire y mear por el embudo improvisado y además no veía nada, asi que tardó unos minutos en decidirse. Una vez que se dispuso a hacerlo, empezó a mover todo los cartones que había alrededor para que no se salpiquen. Con Matías lo ayudamos y nos dimos cuenta de que cuánto más cerca estábamos de esa esquina, más fuerte era el olor.
Yo comencé a juntar los cartones y los fui a acomodar a la esquina contraria al desagüe. Ahí directamente no se podía estar; pero había que poner las cosas en algún lugar. Puse los cartones en el piso y cuando iba a acomodar el lugar, me di cuenta de que había unas frazadas que nos podían servir para el resto de la noche.
Moví una de las frazadas y descubrí de dónde venía el olor. Con el dedo de mi mano izquierda toqué un bulto grande. Me toqué mi dedo con la otra mano y me di cuenta de que estaba mojado. En ese momento no podía hablar, y lo único que hice fue volver a tapar el bulto con la frazada. El olor me hizo hacer una arcada.
Volví a mi lugar, me tapé con mi bolsa de dormir y mientras sentía el sonido del meo de Manuel y las risas desencajadas de Matías, el pará boludo, no te rías; sabía que en un rincón del camión un bulto respiraba débilmente.
por lucas
No todas las historias tienen que entenderse. Yo recuerdo que veía a una bruja en una película de la que nunca pude acordarme el nombre. Simplemente era esa bruja, esos ojos que cambiaban de tono. Yo tenía cinco años y la pantalla de la televisión me protegía de la posibilidad de esa bruja, pero también la hacía más real. Por las noches una bruja, por las noches una bruja y un niño sobre un árbol, una caminata. Por las noches los ojos de la bruja. No había una escena, simplemente era esa suma de elementos. Bruja, niño, árbol, camino. Por eso les digo que me escuchen, que no importa cómo suceden las cosas, ni hacia donde van, sino simplemente que sucedieron.
Como decía antes de que me interrumpan, la puerta del camión se cerró unos segundos después de que el Vasquito grite que vamos a pasar la noche acá en esta estancia, a eso de las seis tamos saliendo así que los despierto así no se amanecen en plena ruta y pueden mear tranquilos.
Pero la noche todavía tardaría una hora o unos cuarenta minutos más en llegar así que pude ver claramente cómo Manuel tomaba del pico de una Sprite de litro y medio ya casi sin gas. El camión era de esos grandes, de los que transportan mercadería, pero estaba por la mitad cargado mayormente con cajas de dulce de leche.
Si hay algo que recuerdo bien de ese rectángulo, es el olor que tenía. Era un olor muy fuerte, más fuerte que el del dulce de leche y costaba dejar de pensar en él. El Vasquito nos llevaba desde El Chaltén hasta Comodoro Rivadavia, cruzando toda una provincia que íbamos a ver solamente a través de la rendija horizontal que se formaba entre la pared que daba con la cabina y el agujero del desagüe. Tiene que usarlo más seguido al agujerito el amigo, no puede ser el olor a mierda que hay, se quejaba Matías.
Desde esa rendija, entraba la luz con la que lo veía a Manuel terminándose la Sprite. Antes de salir del Chaltén, desarmando la carpa a las apuradas con la noticia de que El Vasquito nos llevaba en pocos minutos, yo había alcanzado a comprar un pan casero, un sachet de mayonesa y la gaseosa.
Lo miré a Matías que ya casi estaba durmiendo o ahora diría que pensando en algo que no se muy bien qué era; en fin, estaba en otro lugar, apoyado contra la pared del camión, los brazos detrás de la nuca y la bolsa de dormir que le tapaba los pies y las piernas. Le pregunté si había meado antes de salir, calculando que serían las nueve y faltaban varias horas para que nos volviesen a abrir la puerta del camión desde el lado de afuera. Me miró como diciendo que tan boludo no era, mientras Manuel escupía el fondito de la gaseosa al grito de yo no.
Nos reímos los tres, aunque más que nada Matías y yo, y comenzamos a jugar a un juego que ya era habitual en el viaje: nos tirábamos los tres uno al lado del otro, cada uno en su bolsa de dormir. Uno de los de la punta imaginaba algo a su antojo (podía ser desde una rana hasta una alfombra) y luego lo decía a viva voz: te paso una rana. La rana imaginaria pasaba de la mente de uno de los de las puntas al del medio, que la transformaba en otra cosa o la vestía en su imaginación, o la acompañaba de algún nuevo amigo, y la mandaba para la mente del último de la fila. Así, desde una rana llegábamos a imperios de ranas azules vestidas de smoking y así hacíamos que pase el tiempo, que era el objetivo de casi todos los días del viaje.
Se que mientras cuento esta historia Manuel también tiene su versión. Se que pasó noches en vela buscando la manera de contarla y me encantaría saber cómo son sus párrafos, cómo cuenta cada personaje; si habla de ranas o de conejos. Tal vez en su historia él tomaba una Fanta, o no tomaba nada.
Teníamos también una caja de fósforos de las grandes. Cuando se hizo más de noche, cada vez que alguno de los tres prendía un cigarrillo el camión se iluminaba por unos segundos, nos veíamos las caras y, cada uno por adentro, chequeaba si ningún otra alma miraba nuestra reunión.
Era nuestro primer viaje solos, estábamos durmiendo en la parte trasera de un camión y sentíamos que el mundo era nuestro en cada uno de los flashes de fósforo que iluminaban la noche. Eso nos daba miedo, o la soledad, o la puerta cerrada del camión sin posibilidad de salir afuera hasta las seis de la mañana. Sabés el cagazo que tenía esa noche cuando te escuchaba roncar, me iba a decir Matías treinta años después mientras se vendaba antes de un partido de fútbol cuando le contábamos la anécdota del meo de Manuel al gordo Espinoza.
A las tres de la mañana (calculo que esa sería la hora), Manuel me despertó. Tengo que mear, sí o sí, me dijo con ojos desorbitados y completamente transpirado. Matías se despertó con mi risa y los dos nos quedamos escuchando cómo Manuel buscaba por todo el camión alguna manera de solucionar su problema.
Busqué la caja de fósforos. Quedaba uno sólo. Lo prendimos y con la risa de Matías se apagó. Mientras los minutos pasaban, los ojos no terminaban de acostumbrarse a la oscuridad. La rendija era muy chica y no era una noche de luna.
Yo también empecé a buscar la solución, porque Manuel estaba insoportable y no nos dejaba dormir. Después de unos minutos, tanteando en el piso encontré la botella de Sprite. La corté con un cuchillo que tenía en mi mochila, hice un embudo, y le dije a Manuel que la use de inodoro por el agujero del desagüe. Había algo que le daba vergüenza en esto de arrodillarse con el culo al aire y mear por el embudo improvisado y además no veía nada, asi que tardó unos minutos en decidirse. Una vez que se dispuso a hacerlo, empezó a mover todo los cartones que había alrededor para que no se salpiquen. Con Matías lo ayudamos y nos dimos cuenta de que cuánto más cerca estábamos de esa esquina, más fuerte era el olor.
Yo comencé a juntar los cartones y los fui a acomodar a la esquina contraria al desagüe. Ahí directamente no se podía estar; pero había que poner las cosas en algún lugar. Puse los cartones en el piso y cuando iba a acomodar el lugar, me di cuenta de que había unas frazadas que nos podían servir para el resto de la noche.
Moví una de las frazadas y descubrí de dónde venía el olor. Con el dedo de mi mano izquierda toqué un bulto grande. Me toqué mi dedo con la otra mano y me di cuenta de que estaba mojado. En ese momento no podía hablar, y lo único que hice fue volver a tapar el bulto con la frazada. El olor me hizo hacer una arcada.
Volví a mi lugar, me tapé con mi bolsa de dormir y mientras sentía el sonido del meo de Manuel y las risas desencajadas de Matías, el pará boludo, no te rías; sabía que en un rincón del camión un bulto respiraba débilmente.
por lucas
jueves, 20 de noviembre de 2008
Bajo una luz marina
Esta mañana pasaba algo.
Un poco de nieve en el suelo.
El sol flotaba en un cielo azul claro.
El mar era azul, y azul verdoso,
hasta donde alcanzaba la vista.
Escasamente agitado. Tranquilo.
Me vestí y fui a dar un paseo, decidido a no volver,
hasta tomar lo que la naturaleza tenía que ofrecer.
Pase junto a unos árboles viejos, abatidos.
Cruce un prado salpicado de piedras
donde se amontonaba la nieve.
Seguí hasta llegar al acantilado.
Desde allí mire el mar, y el cielo,
y las gaviotas revoloteando sobre la blanca playa
allá abajo.
Todo encantador.
Todo bañado por una fría y pura luz.
Pero como siempre mis pensamientos empezaron a dispersarse.
Tuve que obligarme a ver lo que estaba viendo y nada más.
¡Y lo estuve viendo durante un minuto o dos!
Durante un minuto o dos eso se impuso
sobre las meditaciones habituales acerca de lo que estaba bien y de lo que estaba mal.
Deber, tiernos recuerdos, ideas de muerte,
de cómo debería tratar a mi ex mujer.
Todas las cosas que esperaba que se fueran esta mañana las que vivo cada día.
Las que he pisoteado para seguir vivo.
Pero durante un minuto o dos me olvide de mi mismo y de todo los demás.
Se que lo hice.
Pues cuando me di la vuelta, no sabia donde estaba.
Hasta que algunos pájaros se alzaron de los nudosos árboles.
Y se alejaron volando en la dirección que yo necesitaba que siguieran.
Raymond Carver.
linda
Un poco de nieve en el suelo.
El sol flotaba en un cielo azul claro.
El mar era azul, y azul verdoso,
hasta donde alcanzaba la vista.
Escasamente agitado. Tranquilo.
Me vestí y fui a dar un paseo, decidido a no volver,
hasta tomar lo que la naturaleza tenía que ofrecer.
Pase junto a unos árboles viejos, abatidos.
Cruce un prado salpicado de piedras
donde se amontonaba la nieve.
Seguí hasta llegar al acantilado.
Desde allí mire el mar, y el cielo,
y las gaviotas revoloteando sobre la blanca playa
allá abajo.
Todo encantador.
Todo bañado por una fría y pura luz.
Pero como siempre mis pensamientos empezaron a dispersarse.
Tuve que obligarme a ver lo que estaba viendo y nada más.
¡Y lo estuve viendo durante un minuto o dos!
Durante un minuto o dos eso se impuso
sobre las meditaciones habituales acerca de lo que estaba bien y de lo que estaba mal.
Deber, tiernos recuerdos, ideas de muerte,
de cómo debería tratar a mi ex mujer.
Todas las cosas que esperaba que se fueran esta mañana las que vivo cada día.
Las que he pisoteado para seguir vivo.
Pero durante un minuto o dos me olvide de mi mismo y de todo los demás.
Se que lo hice.
Pues cuando me di la vuelta, no sabia donde estaba.
Hasta que algunos pájaros se alzaron de los nudosos árboles.
Y se alejaron volando en la dirección que yo necesitaba que siguieran.
Raymond Carver.
linda
viernes, 24 de octubre de 2008
Viendo persianas cerradas con el señor de las estufas
Tiene la caja torácica muy estrecha y un bigote finísimo. Con las manos en los bolsillos, está apoyado entre las dos columnas que dan entrada al jardín delantero de la que parece su casa. A unos metros, lo miro desde arriba. Me doy cuenta de que hay dos tipos de personas muy petisas: los enanos y los que no se puede creer que de tan petisos que son, no sean enanos. Este hombre es de los segundos; y ahí me doy cuenta de algo más: lo conozco. Arreglaba la estufa de mi casa cuando yo era chico y mi hermano Tomás, que era aún más chico, ya lo había entrevistado una vez, junto a una estufa. “¿Por qué sos tan bajito?”, le dijo.
Le quiero decir que lo conozco, que arreglaba las estufas de mi casa, pero no me sale el nombre de su profesión. Pienso: gasista, el hombre de las estufas, plomero no. Creo que es gasista, pero no me animo a preguntarle si es gasista porque tampoco estoy tan seguro de que ese sea el nombre de la profesión ni de que él sea aquél hombre tan petiso.
Me mira llegar. Las manos en los bolsillos todavía. Vengo de la zapatería de la esquina, junto a la que parece la casa de este hombre. “¿Venís a la zapatería?”. Miro el auto que está en frente de la que parece su casa y es el mismo que tenía el señor de las estufas. Chiquito como él, de una marca extraña, amarillo. Unos segundos antes me había enterado que la zapatería estaba cerrada, que la señora Genoveva había fallado a nuestra cita. “Sí, vengo a la zapatería, le estoy haciendo unas preguntas a la señora”. Los dos nos damos vuelta para mirar la esquina, para ver las persianas metálicas bajas de la zapatería.
Una semana atrás entré en la zapatería por primera y última vez. Estuve tocando timbre un rato, haciéndole caso al cartel: Toque timbre. Ya me trataban de usted. Lo mismo hizo Genoveva cuando llegó. “¿Qué quiere?”, ladró con la puerta a medio abrir Genoveva. La señora, de unos 70 años, o tal vez un poco más, me miraba hosca rodeada por el aura de oscuridad de su zapatería. Atrás, junto al mostrador, una pequeña luz quería ganar la partida. La convencí de que me deje entrar, de que no la iba a matar, sólo le iba a hacer unas preguntas.
Un trabajo para la facultad. Qué lindo tiene el lugar. Podemos tomar unos mates si quiere. “No tomo mate”, ruge Genoveva. Custodiada por sus zapatos todavía quería seguir pensando que los jóvenes están perdidos y le costaba entrar en confianza. Yo me divertía con el juego de conquistar una viejita sin que ella sepa, aunque tal vez lo intuía y también jugaba a no dejar que el joven la conquiste.
Genoveva y la zapatería están en una esquina. Tiene dos o tres escalones antes de entrar y la puerta vidriada en medio de la vidriera. Allí posan unos maniquíes insulsos, marrones, y algunos zapatos viejos que hacen pensar que el lugar está en liquidación. Adentro, en cambio, es el mundo del zapato. Y el mundo de la melancolía hecha zapato.
“¿Mi vida?”, escupe Genoveva. “¿A vos te parece que mi vida es interesante?”. “Todas las vidas son interesantes”, digo lugares comunes con mi sonrisa más estúpida.
Detrás del mostrador hay una puerta que comunica con lo que creo es una casa. Se asoma por el hueco una luz de televisión y un sonido de chismes del espectáculo. No sé si hay alguien más por allí dando vueltas, aunque tengo la impresión de que sí. Genoveva ya no sostiene más la puerta, ahora estamos los dos del lado de adentro; pero los brazos en jarra de la vieja, que parece una tetera, me hacen pensar que mucho tiempo más no me voy a quedar.
“Nací en un pueblo de la baja Italia (me dijo el nombre, pero no me lo acuerdo. "No te lo vas a acordar", profetizó Genoveva), hace muchos años. Mi padre se vino para la Argentina cuando yo tenía sólo ocho días”. Lo dice con un peso que hace que sienta cada uno de esos ocho días que se le quedaron marcados en la frente, o en los tobillos. Parece que a partir de ese día, empezó a creer que todos eran su padre, “a todos les decía papá, pero una prima mía se encargaba de decirme que no, que no eran todos mi papá”. De hecho ninguno lo era.
Su padre había sido zapatero, y también lo fue su marido. A su padre Genoveva lo conoció en la Argentina, aunque ella dice que en verdad nunca lo conoció. Cuando lo vio ya era tarde y lo confundía con su tío, que era igualito. Trato de imaginarme a su padre y trato de imaginármelo distinto a todos los italianos inmigrantes que vi en las películas. No puedo. Ella me lo describe: “lo que tenía de distinto mi padre, lo que hacía que yo lo reconozca cuando vine a la Argentina a mis diez años, era que tenía rota una alpargata, entonces así yo lo diferenciaba de mi tío”. Al final es igual que en las películas, pienso. También pienso que en casa de herrero cuchillo de palo por lo de las alpargatas rotas del zapatero, aunque en verdad Genoveva no me dice si su padre se hizo zapatero antes o después de lo de la alpargata. O si se hizo zapatero para arreglar la alpargata.
Nos quedamos callados y creo que los dos nos ponemos a mirar la cantidad de cajas blancas que hay en ese pequeño cuadrado. Yo me acuerdo que alguna vez fui ahí con mi vieja a arreglar algún zapato cuando el marido de Genoveva vivía. Tenían un loro o una tortuga, algo que me llamaba la atención. Y creo que el lugar era menos oscuro, o yo veía las cosas más claras. “Todos estos zapatos hay que venderlos, porque desde que falleció mi marido ya nadie arregla zapatos acá. Los que se ocupaban del oficio eran los hombres. Yo ahora sólo espero vender todo lo que quedó”, improvisa un tango Genoveva y se empieza a sentir mal. “Me baja la presión”, me echa la culpa Genoveva. Como pensaba, me tengo que ir antes de lo que yo quería. Pero la mujer que decía que su vida no era interesante me guardaba un final de antología, mirando otra vez los dos los zapatos: “Cuando los venda todos, ahí me muero yo y nos morimos mi papá y yo de nuevo los dos juntos”, me dice. Chan, chan.
Y algo más, “no digas que me llamo Genoveva”. Eso sí que no me lo explica. “Vas a tener que venir otro día entonces, porque ya así no puedo”, esta vez me tutea y siento que un poco gané la partida, aunque en verdad ella fue la que manejó todo. Sin darme cuenta estoy otra vez en la calle y Genoveva cerró con llave. Salió caminando y se sumergió detrás del mostrador, en el hueco pintado con sombras de televisión. No le miré los zapatos.
Una semana después, con el hombre tan petiso que no se puede creer que no sea enano, seguimos mirando la esquina. Como comprobando que efectivamente están las persianas cerradas. “La señora se descompuso el domingo. Era diabética y ahora parece que está muy mal. Creo que está en coma”, me cuenta el señor de las estufas. “Si querés acá a la vuelta vive el hijo que es contador. Vas hasta la esquina y ahí donde está el local de ropa, ahí arriba vive el hijo que es el que se está encargando de todo. Le podés preguntar a él”.
Bueno, gracias, muchas gracias, qué lástima.
Vuelvo caminando y paso por el local donde arriba vive el contador pero no toco el timbre. Genoveva ya me contó todo lo que quería contar.
por lucas
Le quiero decir que lo conozco, que arreglaba las estufas de mi casa, pero no me sale el nombre de su profesión. Pienso: gasista, el hombre de las estufas, plomero no. Creo que es gasista, pero no me animo a preguntarle si es gasista porque tampoco estoy tan seguro de que ese sea el nombre de la profesión ni de que él sea aquél hombre tan petiso.
Me mira llegar. Las manos en los bolsillos todavía. Vengo de la zapatería de la esquina, junto a la que parece la casa de este hombre. “¿Venís a la zapatería?”. Miro el auto que está en frente de la que parece su casa y es el mismo que tenía el señor de las estufas. Chiquito como él, de una marca extraña, amarillo. Unos segundos antes me había enterado que la zapatería estaba cerrada, que la señora Genoveva había fallado a nuestra cita. “Sí, vengo a la zapatería, le estoy haciendo unas preguntas a la señora”. Los dos nos damos vuelta para mirar la esquina, para ver las persianas metálicas bajas de la zapatería.
Una semana atrás entré en la zapatería por primera y última vez. Estuve tocando timbre un rato, haciéndole caso al cartel: Toque timbre. Ya me trataban de usted. Lo mismo hizo Genoveva cuando llegó. “¿Qué quiere?”, ladró con la puerta a medio abrir Genoveva. La señora, de unos 70 años, o tal vez un poco más, me miraba hosca rodeada por el aura de oscuridad de su zapatería. Atrás, junto al mostrador, una pequeña luz quería ganar la partida. La convencí de que me deje entrar, de que no la iba a matar, sólo le iba a hacer unas preguntas.
Un trabajo para la facultad. Qué lindo tiene el lugar. Podemos tomar unos mates si quiere. “No tomo mate”, ruge Genoveva. Custodiada por sus zapatos todavía quería seguir pensando que los jóvenes están perdidos y le costaba entrar en confianza. Yo me divertía con el juego de conquistar una viejita sin que ella sepa, aunque tal vez lo intuía y también jugaba a no dejar que el joven la conquiste.
Genoveva y la zapatería están en una esquina. Tiene dos o tres escalones antes de entrar y la puerta vidriada en medio de la vidriera. Allí posan unos maniquíes insulsos, marrones, y algunos zapatos viejos que hacen pensar que el lugar está en liquidación. Adentro, en cambio, es el mundo del zapato. Y el mundo de la melancolía hecha zapato.
“¿Mi vida?”, escupe Genoveva. “¿A vos te parece que mi vida es interesante?”. “Todas las vidas son interesantes”, digo lugares comunes con mi sonrisa más estúpida.
Detrás del mostrador hay una puerta que comunica con lo que creo es una casa. Se asoma por el hueco una luz de televisión y un sonido de chismes del espectáculo. No sé si hay alguien más por allí dando vueltas, aunque tengo la impresión de que sí. Genoveva ya no sostiene más la puerta, ahora estamos los dos del lado de adentro; pero los brazos en jarra de la vieja, que parece una tetera, me hacen pensar que mucho tiempo más no me voy a quedar.
“Nací en un pueblo de la baja Italia (me dijo el nombre, pero no me lo acuerdo. "No te lo vas a acordar", profetizó Genoveva), hace muchos años. Mi padre se vino para la Argentina cuando yo tenía sólo ocho días”. Lo dice con un peso que hace que sienta cada uno de esos ocho días que se le quedaron marcados en la frente, o en los tobillos. Parece que a partir de ese día, empezó a creer que todos eran su padre, “a todos les decía papá, pero una prima mía se encargaba de decirme que no, que no eran todos mi papá”. De hecho ninguno lo era.
Su padre había sido zapatero, y también lo fue su marido. A su padre Genoveva lo conoció en la Argentina, aunque ella dice que en verdad nunca lo conoció. Cuando lo vio ya era tarde y lo confundía con su tío, que era igualito. Trato de imaginarme a su padre y trato de imaginármelo distinto a todos los italianos inmigrantes que vi en las películas. No puedo. Ella me lo describe: “lo que tenía de distinto mi padre, lo que hacía que yo lo reconozca cuando vine a la Argentina a mis diez años, era que tenía rota una alpargata, entonces así yo lo diferenciaba de mi tío”. Al final es igual que en las películas, pienso. También pienso que en casa de herrero cuchillo de palo por lo de las alpargatas rotas del zapatero, aunque en verdad Genoveva no me dice si su padre se hizo zapatero antes o después de lo de la alpargata. O si se hizo zapatero para arreglar la alpargata.
Nos quedamos callados y creo que los dos nos ponemos a mirar la cantidad de cajas blancas que hay en ese pequeño cuadrado. Yo me acuerdo que alguna vez fui ahí con mi vieja a arreglar algún zapato cuando el marido de Genoveva vivía. Tenían un loro o una tortuga, algo que me llamaba la atención. Y creo que el lugar era menos oscuro, o yo veía las cosas más claras. “Todos estos zapatos hay que venderlos, porque desde que falleció mi marido ya nadie arregla zapatos acá. Los que se ocupaban del oficio eran los hombres. Yo ahora sólo espero vender todo lo que quedó”, improvisa un tango Genoveva y se empieza a sentir mal. “Me baja la presión”, me echa la culpa Genoveva. Como pensaba, me tengo que ir antes de lo que yo quería. Pero la mujer que decía que su vida no era interesante me guardaba un final de antología, mirando otra vez los dos los zapatos: “Cuando los venda todos, ahí me muero yo y nos morimos mi papá y yo de nuevo los dos juntos”, me dice. Chan, chan.
Y algo más, “no digas que me llamo Genoveva”. Eso sí que no me lo explica. “Vas a tener que venir otro día entonces, porque ya así no puedo”, esta vez me tutea y siento que un poco gané la partida, aunque en verdad ella fue la que manejó todo. Sin darme cuenta estoy otra vez en la calle y Genoveva cerró con llave. Salió caminando y se sumergió detrás del mostrador, en el hueco pintado con sombras de televisión. No le miré los zapatos.
Una semana después, con el hombre tan petiso que no se puede creer que no sea enano, seguimos mirando la esquina. Como comprobando que efectivamente están las persianas cerradas. “La señora se descompuso el domingo. Era diabética y ahora parece que está muy mal. Creo que está en coma”, me cuenta el señor de las estufas. “Si querés acá a la vuelta vive el hijo que es contador. Vas hasta la esquina y ahí donde está el local de ropa, ahí arriba vive el hijo que es el que se está encargando de todo. Le podés preguntar a él”.
Bueno, gracias, muchas gracias, qué lástima.
Vuelvo caminando y paso por el local donde arriba vive el contador pero no toco el timbre. Genoveva ya me contó todo lo que quería contar.
por lucas
martes, 14 de octubre de 2008
jueves, 2 de octubre de 2008
Una señora en una hamaca
Nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
Sólo pensar.
Si miro fijo a un punto
tal vez creo un mundo.
Tal vez creo en algo
Tal vez creo en mí.
O en lo que pude ser.
La diferencia entre la locura y la calma es el tono de voz.
Si yo diría todo lo que pienso en voz alta
yo misma creería en la locura
y ahí mismo creería en algo.
Se solucionarían el tedio y el juego.
Cómo matar el tiempo,
como matarme.
Sólo saltar desde esta hamaca hasta la locura.
Es sólo un paso:
abrir la boca y saltar.
Tal vez creo un mundo nuevo
donde yo soy la loca.
Donde no hablo de locura.
Donde soy.
Donde pasa el tiempo.
Donde pasa un río.
Donde pasa un río desde mí.
Un río que arranca en mis pies.
Que arranca en mi hamaca.
En mi hamaca y en mi estómago.
Allí es como una montaña.
Un río como una montaña.
En mi estómago el río,
es una montaña.
Podría pasar tardes enteras,
hasta el final,
comiendo tiempos y creando ríos,
montañas,
hamacas,
personas.
No hay nada que hacer,
Menos ahora,
Que sé que nunca hubo nada que hacer.
Simplemente había que contar historias,
Que reír con la boca,
Que llorar con los ojos,
Que tocar con los dedos,
Que abrir el vientre,
Que abrir el mundo.
A veces rerír con los ojos,
A veces tocar con el vientre,
Y allí venían los hijos.
Con sus hamacas.
Allí vinieron los hijos,
Pero sin río.
Se rieron ellos también,
Tal vez tendrán sus hamacas,
Más adelante.
Su diálogo con ellos mismos,
Mi recuerdo,
Mi vientre,
Mis dedos,
Mi llorar con la boca.
Tal vez creí en ellos,
Tal vez los cree.
Tal vez nacieron de la nada,
o yo soy la nada.
¿Puedo ser su vientre
Si salto a la locura?
¿Puedo ser su madre
Si bajo de la hamaca?
¿Puedo ser su río?
Si ellos quieren.
A veces soy un río seco,
Y cuando llega la hora,
ni siquiera soy un río.
Tan sólo soy agua,
Pero poca.
Poco agua para ellos,
Que querían cuencas,
que quisieron ríos.
Nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
Sólo soñar,
que fueron otros los que vinieron.
Que tuve otros hijos,
que tuve otras bocas,
que fui otros ríos.
Que nade en el mar sola,
Que desnudé mi cuerpo,
Que fui perro,
Que fui rana,
Que fui pez.
Tanta vida,
tantas tardes,
tantos hombres dando vueltas,
cada uno con su hamaca,
jugando a ser grandes,
A ser hombres,
A ser hijos,
A ser peces.
No hay nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
Bajar un pie,
dejar el vestido,
soltar los dedos de las cuerdas,
E ir al monte.
A no hacer nada.
A no ser madre,
a no ser río.
A no ser que alguien venga,
y se ría conmigo.
No hay nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
por lucas
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
Sólo pensar.
Si miro fijo a un punto
tal vez creo un mundo.
Tal vez creo en algo
Tal vez creo en mí.
O en lo que pude ser.
La diferencia entre la locura y la calma es el tono de voz.
Si yo diría todo lo que pienso en voz alta
yo misma creería en la locura
y ahí mismo creería en algo.
Se solucionarían el tedio y el juego.
Cómo matar el tiempo,
como matarme.
Sólo saltar desde esta hamaca hasta la locura.
Es sólo un paso:
abrir la boca y saltar.
Tal vez creo un mundo nuevo
donde yo soy la loca.
Donde no hablo de locura.
Donde soy.
Donde pasa el tiempo.
Donde pasa un río.
Donde pasa un río desde mí.
Un río que arranca en mis pies.
Que arranca en mi hamaca.
En mi hamaca y en mi estómago.
Allí es como una montaña.
Un río como una montaña.
En mi estómago el río,
es una montaña.
Podría pasar tardes enteras,
hasta el final,
comiendo tiempos y creando ríos,
montañas,
hamacas,
personas.
No hay nada que hacer,
Menos ahora,
Que sé que nunca hubo nada que hacer.
Simplemente había que contar historias,
Que reír con la boca,
Que llorar con los ojos,
Que tocar con los dedos,
Que abrir el vientre,
Que abrir el mundo.
A veces rerír con los ojos,
A veces tocar con el vientre,
Y allí venían los hijos.
Con sus hamacas.
Allí vinieron los hijos,
Pero sin río.
Se rieron ellos también,
Tal vez tendrán sus hamacas,
Más adelante.
Su diálogo con ellos mismos,
Mi recuerdo,
Mi vientre,
Mis dedos,
Mi llorar con la boca.
Tal vez creí en ellos,
Tal vez los cree.
Tal vez nacieron de la nada,
o yo soy la nada.
¿Puedo ser su vientre
Si salto a la locura?
¿Puedo ser su madre
Si bajo de la hamaca?
¿Puedo ser su río?
Si ellos quieren.
A veces soy un río seco,
Y cuando llega la hora,
ni siquiera soy un río.
Tan sólo soy agua,
Pero poca.
Poco agua para ellos,
Que querían cuencas,
que quisieron ríos.
Nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
Sólo soñar,
que fueron otros los que vinieron.
Que tuve otros hijos,
que tuve otras bocas,
que fui otros ríos.
Que nade en el mar sola,
Que desnudé mi cuerpo,
Que fui perro,
Que fui rana,
Que fui pez.
Tanta vida,
tantas tardes,
tantos hombres dando vueltas,
cada uno con su hamaca,
jugando a ser grandes,
A ser hombres,
A ser hijos,
A ser peces.
No hay nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
Bajar un pie,
dejar el vestido,
soltar los dedos de las cuerdas,
E ir al monte.
A no hacer nada.
A no ser madre,
a no ser río.
A no ser que alguien venga,
y se ría conmigo.
No hay nada que hacer.
Como tantas tardes,
no hay nada que hacer.
por lucas
sábado, 27 de septiembre de 2008
el mendigo
Cuando me agarren
sepan que soy un hombre.
Como un perro,
pero entre el polvo:
un hombre.
Los ojos rojos de años,
de luz,
la mirada triste, elevada.
Sepan que vivo con el polvo,
soy polvo y allí voy.
Sepan que la luz del mundo
dio vida al mundo
de bichos de luz y polvo
que volaban cerca mío;
que me custodiaban.
Cerca mío crecieron;
muchos dieron vida,
algunos murieron
y otros consiguieron trabajo
en las vías del tren.
por lucas
sepan que soy un hombre.
Como un perro,
pero entre el polvo:
un hombre.
Los ojos rojos de años,
de luz,
la mirada triste, elevada.
Sepan que vivo con el polvo,
soy polvo y allí voy.
Sepan que la luz del mundo
dio vida al mundo
de bichos de luz y polvo
que volaban cerca mío;
que me custodiaban.
Cerca mío crecieron;
muchos dieron vida,
algunos murieron
y otros consiguieron trabajo
en las vías del tren.
por lucas
martes, 23 de septiembre de 2008
Cosmos Indirecto
me preguntó si ya estaba, le dije q faltaba y me pregunto cuanto. cosmos indirecto le dije,y me miro con esa cara que pone cuando no entiende las cosas, y no era para menos. Las paredes de tu vientre aun hacen eco del episodio anterior, me queman los dedos, se me van los pies y no los alcanzo si no me soltas, apurate a decirme al oído lo poco que me queres y lo mucho que me odias. Se acercó tanto que luego del grito que pegó estube sordo por milenios. Cosmos indirecto me dije y me arrepentí de haberlo dicho. Ya no puedo seguir con la tónica del asunto decía la nota sobre el refrigerador, y así fue como conocí el dolor. La muy puta se había llevado el jamón y queso y así fue como conocí el hambre. Entonces tube q ir a comprar alimento,y así fue como conocí el supermercado. Que lugar! que extraño que es ! y entre las góndolas se vendía cosmos indirecto, en cajas, en sobres, en sachets, en frascos, en botellas y en cajas, así fue como conocí las cajas, y las cajeras, que chicas tan amables. Y camine por las calles, recorrí veredas repletas de vidrieras repletas de cosas, y casas, y gente, y al final del camino un Circo, y en el un perro. Estaba leyendo poesía en francés, y fumaba una pipa, las pulgas a su alrededor lo miraban como a un dios, un dios perro. Entre el humo de la pipa y las pulgas enardecidas por la presencia canina, no pude contenerme y le pregunté, me dijo que si, y que por favor vuelva a visitarlo, y que en caso de que no pueda el vendría con el circo hasta mi casa, y ahí me di cuenta, cosmos indirecto.
tom
tom
martes, 16 de septiembre de 2008
algo había pensado en el tren
Había pensado algo en el tren.
Mi espalda contra las puertas.
Porque son dos.
Se veía una raya blanca de luz y de a ratos me entraba viento por la punta de la remera.
No era la remera que me hubiera gustado tener,
pero esa se estaba lavando.
Lo que pensé era: o algo del mundo o algo de mí.
O algo mío con el mundo, o mío con alguien del mundo;
o mío con alguien del mundo que no quería ser de mi mundo.
Del mundo mío.
Algo así.
Pero era algo gigante.
Algo muy grande que pensé:
o entre dos tubos de luz, mientras pasaba un palo y llegaba un cartel;
o entre una viejita linda y unas zapatillas negras medio gastadas.
Después pasó que veía gente mirarme y sentía que eran perros o menos hombres que yo.
No me gusta decirlo. Afirmar que en algún momento, entre las 10 y las 11, pensé que yo era más viaje que los demás en el vagón.
Que mi viaje valía más la pena, o el lugar a donde iba, o el libro que yo estaba leyendo; o el que voy a leer cuando termine el que estoy leyendo.
Pero fue así.
Después que yo era menos que ellos, o que yo no existía.
No para ellos, sino que simplemente no existía.
Lisandro de la torre y pensé que se hacía tarde. No tengo reloj, pero tengo celular, que es como tener reloj.
Ya no se me hace esa marca en la muñeca, pero tengo reloj.
Pienso que no tengo reloj, pero tengo.
Si me preguntan: ¿usas reloj? Yo digo: no.
Pero uso.
No era la primera vez en la semana que se me hacía tarde.
Antes de eso pensaba. Antes de la línea blanca. Antes de antes de retiro. Antes de los hombres.
ante mí.
No recuerdo bien por que había también: mochilas, papeles, mis pies algo largos.
Ahí vi que el pasillo está más próximo de lo que me gustaría.
Ya lo sabía, pero de nuevo pensé eso: Cuando estiro los pies, entonces tengo que juntarlos.
Es incómodo.
También algunos miran.
Reprueban el culo en el piso, la espalda en las puertas.
Mini hombres, mini dioses, que minimizan.
No tengo nada que decirles, yo los veía como perros, los vi, los veía ser su dios.
También pasó en un momento que yo era menos. Ellos vivían la vida de ellos, yo la mía. Ellos eran más felices que yo. Todos. Entendían más. Una leía La guerra y la paz, otro el diario la razón, una bajó en la lucila,
yo no.
Al final no fue más que un viaje en tren. Pero me acuerdo que había pensado algo que me iba a cambiar la vida entre Rivadavia y Belgrano. Que se yo.
Se me escapó. O se fue por ahí. Mañana pensaré algo nuevo.
lucas.
Mi espalda contra las puertas.
Porque son dos.
Se veía una raya blanca de luz y de a ratos me entraba viento por la punta de la remera.
No era la remera que me hubiera gustado tener,
pero esa se estaba lavando.
Lo que pensé era: o algo del mundo o algo de mí.
O algo mío con el mundo, o mío con alguien del mundo;
o mío con alguien del mundo que no quería ser de mi mundo.
Del mundo mío.
Algo así.
Pero era algo gigante.
Algo muy grande que pensé:
o entre dos tubos de luz, mientras pasaba un palo y llegaba un cartel;
o entre una viejita linda y unas zapatillas negras medio gastadas.
Después pasó que veía gente mirarme y sentía que eran perros o menos hombres que yo.
No me gusta decirlo. Afirmar que en algún momento, entre las 10 y las 11, pensé que yo era más viaje que los demás en el vagón.
Que mi viaje valía más la pena, o el lugar a donde iba, o el libro que yo estaba leyendo; o el que voy a leer cuando termine el que estoy leyendo.
Pero fue así.
Después que yo era menos que ellos, o que yo no existía.
No para ellos, sino que simplemente no existía.
Lisandro de la torre y pensé que se hacía tarde. No tengo reloj, pero tengo celular, que es como tener reloj.
Ya no se me hace esa marca en la muñeca, pero tengo reloj.
Pienso que no tengo reloj, pero tengo.
Si me preguntan: ¿usas reloj? Yo digo: no.
Pero uso.
No era la primera vez en la semana que se me hacía tarde.
Antes de eso pensaba. Antes de la línea blanca. Antes de antes de retiro. Antes de los hombres.
ante mí.
No recuerdo bien por que había también: mochilas, papeles, mis pies algo largos.
Ahí vi que el pasillo está más próximo de lo que me gustaría.
Ya lo sabía, pero de nuevo pensé eso: Cuando estiro los pies, entonces tengo que juntarlos.
Es incómodo.
También algunos miran.
Reprueban el culo en el piso, la espalda en las puertas.
Mini hombres, mini dioses, que minimizan.
No tengo nada que decirles, yo los veía como perros, los vi, los veía ser su dios.
También pasó en un momento que yo era menos. Ellos vivían la vida de ellos, yo la mía. Ellos eran más felices que yo. Todos. Entendían más. Una leía La guerra y la paz, otro el diario la razón, una bajó en la lucila,
yo no.
Al final no fue más que un viaje en tren. Pero me acuerdo que había pensado algo que me iba a cambiar la vida entre Rivadavia y Belgrano. Que se yo.
Se me escapó. O se fue por ahí. Mañana pensaré algo nuevo.
lucas.
lunes, 8 de septiembre de 2008
Charlita con Deus 2
X abre los ojos y se encuentra en un monociclo sobre una cuerda. Pedaleando. Como si fuera un equilibrista del circo. Solo que la soga no empieza ni termina nunca. No hay circo, ni suelo. Solo cielo. Su público son las nubes. Todo es color azul, color cielo. Hasta el reflejo es azul. X abre los ojos y se asusta, casi pierde el equilibrio pero se mantiene.
X
Ay mamá!
Se acomoda y levanta la cabeza, ahí vuelve a verlo a EL, barbudo, blanco, luminoso y parado en una pierna sobre la soga, pero sin esfuerzo.
DIOS
No te va a escuchar tu vieja…
X
(asustado)
La puta madre, esta vez esto de la espectacularidad te pegó para el carajo…
DIOS
Ejem…
X
Perdón..
X se acomoda. Luego, vuelve a mirar para abajo.
X
Ma ´ que perdón, loco. Estoy en medio de la nada en un monociclo. Que te fumaste? Me voy a caer...
Dios ríe.
DIOS
No te preocupes. Aun no caes.
X
Si, eso lo decís vos porque podés volar, viejo. Así cualquiera. Si yo fuera superman también me haría el banana de circo. Si podés volar es una boludez, Dios.
Dios ríe
X
A quien querés impresionar? Está Magdalena por acá?
Dios no habla por unos segundos. Sólo mira como X trata de mantenerse.
DIOS
Hablé con el tiempo hace poco…
X
Y qué dijo? Va a llover? Despejado, nublado?
DIOS
Dijo que esperes…
X
“Que espere”? Ja, que loco el tiempo…
DIOS
No te burles del tiempo.
X
Por?
DIOS
El tiempo te salva.
X
El tiempo dirá
DIOS
El tiempo te salva, X.
X
Me burlo de vos entonces?
DIOS
Tampoco.
X
Tampoco.
DIOS
Tampoco
X se pone mas serio. Baja la cabeza. Piensa y murmura.
X
(murmurando)
“Tam poco”
DIOS
Qué?
X
(levantando nuevamente la vista)
Porqué no me diste mas tiempo aquella vez, Dios?
DIOS
No era tu tiempo
X
Quién lo dice?
DIOS
Dios lo dice…
X
Mirá vos, bueno, yo, perdoname pero no tengo tiempo para estas boludeces… porque me llamaste?
DIOS
Yo nunca te llamo
X
Ah, perdón por ocupar tu tiempo entonces…
DIOS
No me jode…
X se queda callado. Se pone serio. Piensa un rato largo antes de volver a hablar.
X
(angustiado)
Necesitaba más tiempo, loco.
DIOS
No era tu tiempo
X
Ja! Dios y el tiempo… que tipos pelotudos perdiendo el tiempo eh…
DIOS
Basta, X.
X
Sabés qué? A vos te deben haber cagado a piñas todos los días de chico. Y ahora te la desquitas con nosotros....
DIOS
Decis?
X
Si, o mejor aun, como se llamaba esa mina que te hacía cruzar los planetas?
DIOS
Quién?
X
La que te dije antes. Esa que te tentaba... viste esa boludez de la fruta. Plantá un árbol, pero no comas la fruta. Magdalena se llamaba
DIOS
Esa historia es de Jesús...
X
Te histeriqueaba mucho, no? Bueno, loco, me chupa un huevo. Vos elegiste eso, yo virgen no soy, tampoco un santo. Dejame tener una vida normal. No me vengas a refregar tu frustración con esta mina Magdalena, porque yo no tengo la culpa...
DIOS
Esa historia es de Jeús...
X
Para. Qué no eran la misma persona?
DIOS
Si, pero si me pongo a explicar eso ahora, no te despertás mas...
X
Estoy en un sueño de nuevo?
DIOS
Si
X
Cuándo es hoy?
DIOS
Unos meses después de la última vez
X
Estoy en el laburo, no?
DIOS
No.
X
Ves, me estoy quedando menos dormido en el trab... para... Me recibí?
DIOS
No aun, pero te falta un t...
X
(interrumpiendo)
Concha de la lora.
DIOS
Por eso te digo que no me vas a....
X
(interrumpe de nuevo gritando y enojado)
Y si no era mi tiempo para que mierda me pusiste delante de ella en el tiempo de otro, la re concha de la lora?
DIOS
Yo no te puse. Te pusiste vos solo. (se enoja) Siempre te ponés vos solo en donde no debés estar...
X
(se calma)
Qué?
DIOS
(resignado)
Creo que sabés de que te hablo, X...
Dios cierra los ojos y sopla un viento fuertísimo. El cielo, las nubes, el reflejo, todo se vuelve rojo. Absolutamente todo. X se desestabiliza y se cae del monopatín. Queda agarrado de una sola mano.
X
Para boludo. De que hablas?
Dios sigue con los ojos cerrados.
DIOS
Esta vez no te lo puedo aceptar..
X
De que habl...?
X piensa y se sorprende.
X
.Luciana...
DIOS
(Aun con los ojos cerrados y totalmente resignado)
No me pidas que te perdone ésta, X.
X cierra los ojos.
DIOS
Esta venía con un ángel de la mano...
X frunce los ojos cerrados, suelta su mano y se deja caer.
por NICRE
X
Ay mamá!
Se acomoda y levanta la cabeza, ahí vuelve a verlo a EL, barbudo, blanco, luminoso y parado en una pierna sobre la soga, pero sin esfuerzo.
DIOS
No te va a escuchar tu vieja…
X
(asustado)
La puta madre, esta vez esto de la espectacularidad te pegó para el carajo…
DIOS
Ejem…
X
Perdón..
X se acomoda. Luego, vuelve a mirar para abajo.
X
Ma ´ que perdón, loco. Estoy en medio de la nada en un monociclo. Que te fumaste? Me voy a caer...
Dios ríe.
DIOS
No te preocupes. Aun no caes.
X
Si, eso lo decís vos porque podés volar, viejo. Así cualquiera. Si yo fuera superman también me haría el banana de circo. Si podés volar es una boludez, Dios.
Dios ríe
X
A quien querés impresionar? Está Magdalena por acá?
Dios no habla por unos segundos. Sólo mira como X trata de mantenerse.
DIOS
Hablé con el tiempo hace poco…
X
Y qué dijo? Va a llover? Despejado, nublado?
DIOS
Dijo que esperes…
X
“Que espere”? Ja, que loco el tiempo…
DIOS
No te burles del tiempo.
X
Por?
DIOS
El tiempo te salva.
X
El tiempo dirá
DIOS
El tiempo te salva, X.
X
Me burlo de vos entonces?
DIOS
Tampoco.
X
Tampoco.
DIOS
Tampoco
X se pone mas serio. Baja la cabeza. Piensa y murmura.
X
(murmurando)
“Tam poco”
DIOS
Qué?
X
(levantando nuevamente la vista)
Porqué no me diste mas tiempo aquella vez, Dios?
DIOS
No era tu tiempo
X
Quién lo dice?
DIOS
Dios lo dice…
X
Mirá vos, bueno, yo, perdoname pero no tengo tiempo para estas boludeces… porque me llamaste?
DIOS
Yo nunca te llamo
X
Ah, perdón por ocupar tu tiempo entonces…
DIOS
No me jode…
X se queda callado. Se pone serio. Piensa un rato largo antes de volver a hablar.
X
(angustiado)
Necesitaba más tiempo, loco.
DIOS
No era tu tiempo
X
Ja! Dios y el tiempo… que tipos pelotudos perdiendo el tiempo eh…
DIOS
Basta, X.
X
Sabés qué? A vos te deben haber cagado a piñas todos los días de chico. Y ahora te la desquitas con nosotros....
DIOS
Decis?
X
Si, o mejor aun, como se llamaba esa mina que te hacía cruzar los planetas?
DIOS
Quién?
X
La que te dije antes. Esa que te tentaba... viste esa boludez de la fruta. Plantá un árbol, pero no comas la fruta. Magdalena se llamaba
DIOS
Esa historia es de Jesús...
X
Te histeriqueaba mucho, no? Bueno, loco, me chupa un huevo. Vos elegiste eso, yo virgen no soy, tampoco un santo. Dejame tener una vida normal. No me vengas a refregar tu frustración con esta mina Magdalena, porque yo no tengo la culpa...
DIOS
Esa historia es de Jeús...
X
Para. Qué no eran la misma persona?
DIOS
Si, pero si me pongo a explicar eso ahora, no te despertás mas...
X
Estoy en un sueño de nuevo?
DIOS
Si
X
Cuándo es hoy?
DIOS
Unos meses después de la última vez
X
Estoy en el laburo, no?
DIOS
No.
X
Ves, me estoy quedando menos dormido en el trab... para... Me recibí?
DIOS
No aun, pero te falta un t...
X
(interrumpiendo)
Concha de la lora.
DIOS
Por eso te digo que no me vas a....
X
(interrumpe de nuevo gritando y enojado)
Y si no era mi tiempo para que mierda me pusiste delante de ella en el tiempo de otro, la re concha de la lora?
DIOS
Yo no te puse. Te pusiste vos solo. (se enoja) Siempre te ponés vos solo en donde no debés estar...
X
(se calma)
Qué?
DIOS
(resignado)
Creo que sabés de que te hablo, X...
Dios cierra los ojos y sopla un viento fuertísimo. El cielo, las nubes, el reflejo, todo se vuelve rojo. Absolutamente todo. X se desestabiliza y se cae del monopatín. Queda agarrado de una sola mano.
X
Para boludo. De que hablas?
Dios sigue con los ojos cerrados.
DIOS
Esta vez no te lo puedo aceptar..
X
De que habl...?
X piensa y se sorprende.
X
.Luciana...
DIOS
(Aun con los ojos cerrados y totalmente resignado)
No me pidas que te perdone ésta, X.
X cierra los ojos.
DIOS
Esta venía con un ángel de la mano...
X frunce los ojos cerrados, suelta su mano y se deja caer.
por NICRE
viernes, 15 de agosto de 2008
Locurismo
1.
Subidísimos.
Descalzos.
Apretados entre tomas de luz y corriente fuimos raudos hacia arriba.
Carcomiedo y sinsoltura; como envueltos en un pimpollo estival.
2.
Ya no hizo falta el locurismo extremo ni la arremangada forma de hablar de pie.
Tan solo un cielo musicalmente musgo y acantilado.
Como aquel fuego sonoro que emigró despacio y quedó muerte, roca desinchada.
3.
Mis Hermanísimas paredes nivelaron los extremos de tu calle.
Las solapas de la acequia, de armiño y enredadera extrañaron perderse en tu puerta; paradísimas de musgos y romero.
4.
Deshielo, descielo, desnube.
Derramo gotas de agua para que me veas.
Deshumo, desvelo, descanción.
5.
Un reloj apocaliptísimo como agujero
La salvia empuja una aguja.
Finísima, tirana.
Ensimismadísima en si misma se retorcija con la otra, la ancha, la lenta.
La que no apresura la meta, a pesar de lo inevitable.
6.
El de barba, el Barbísimo, el hombre que estaba en el almacén.
Me dijo mi nombre y yo ni siquiera recordaba.
7.
Nos une una muerte y algo de vida.
Las queridísimas horas frente al fuego.
Las dramatiquísimas insufribles coreografías de los autos varados.
Y la lluvia.
por manuel alberto.
del ojo inexperto
Subidísimos.
Descalzos.
Apretados entre tomas de luz y corriente fuimos raudos hacia arriba.
Carcomiedo y sinsoltura; como envueltos en un pimpollo estival.
2.
Ya no hizo falta el locurismo extremo ni la arremangada forma de hablar de pie.
Tan solo un cielo musicalmente musgo y acantilado.
Como aquel fuego sonoro que emigró despacio y quedó muerte, roca desinchada.
3.
Mis Hermanísimas paredes nivelaron los extremos de tu calle.
Las solapas de la acequia, de armiño y enredadera extrañaron perderse en tu puerta; paradísimas de musgos y romero.
4.
Deshielo, descielo, desnube.
Derramo gotas de agua para que me veas.
Deshumo, desvelo, descanción.
5.
Un reloj apocaliptísimo como agujero
La salvia empuja una aguja.
Finísima, tirana.
Ensimismadísima en si misma se retorcija con la otra, la ancha, la lenta.
La que no apresura la meta, a pesar de lo inevitable.
6.
El de barba, el Barbísimo, el hombre que estaba en el almacén.
Me dijo mi nombre y yo ni siquiera recordaba.
7.
Nos une una muerte y algo de vida.
Las queridísimas horas frente al fuego.
Las dramatiquísimas insufribles coreografías de los autos varados.
Y la lluvia.
por manuel alberto.
del ojo inexperto
miércoles, 6 de agosto de 2008
Contra Corrientes
escribo sin comas ni puntos,.,.,.,.,.tengo la lengua partida, y el velo de la muerte. Arrebato flores del jardin y aqui me encuentro. Ya tengo las posiciones idelas. Otras no. Ya veo para adelante, atras no. No creo mas en el abismo del patio, ya que las comadrejas caminan por ahi, y tengo miedo. Miedo a perderte en otras partes de mi. Espero no tener agujeros en la piel, ya que no me quedaban ceniseros, ceniceros, o lo que sea. Lo que sea que me tenga q pasar, que me pase, ahora, ya, ahora, ahora ya, ya, ya , ya, ahoraaaaaaaa. Nada. Nada mas que lo de siempre. Manda a lavar la ropa sucia, y si queres tirate por la ventan, o no. Fijate de no dejar manchas en el patio, o de caer en el abismo asi no limpio.,.,.,.,.,. No quiero tener mas miedo de nada, en especial de todo. De todo un poco es lo que tengo en el alma, un poco de zapato, de raqueta de tennis, de palya, de canibal, de urna electoral, de todo, menos de alma.... Al menos hoy no estas cerca para lastimarte, aunque la distancia nos mate. Hoy o ayer, total, ya empoyamos, ya cacareamos al alba, y nos pealeamos a muerte con otro gallo, ya fuimos modelos de veletas, y no nos hicimos parte de la rebelion. Fuerte es una edificacion medieval, no yo.Fuerte es la schneider 6,0, yo no. Tarde, siempre tarde, siempre tarde, en todo, menos en hacer mal las cosas. Por todo eso y por todo lo de mas, tengo la mente en la punta de la lengua, el telefono en la punta de los dedos y el .coranzon a punto de estallar, corro siempre a contracorriente.
Bu
A veces el itinerario no es perfecto, no tengo los pantalones puestos y el ojo se me cae, como otras veces, que aunque diga que mis pantalones son asi, es mentira. No tengo miedo del vacio entre los planetas, ni de los planetas entre si, o de la casa vacia que me queda cuando no estas aqui.
Se me fundieron todas las lamparitas, como un edificio que no se ilumina, no crea una imagen con sus ventanas, ni tiene un encargado de limpieza, ya voy a volver a el ayer, pero mientras tanto me equivoco yo tambien.
tom
Se me fundieron todas las lamparitas, como un edificio que no se ilumina, no crea una imagen con sus ventanas, ni tiene un encargado de limpieza, ya voy a volver a el ayer, pero mientras tanto me equivoco yo tambien.
tom
martes, 5 de agosto de 2008
lunes, 28 de julio de 2008
El pez rojo
Caminó diez años; se detuvo, miró una piedra y rió.
La arrojó al mar.
Antes de que toque el agua un pez rojo la devoró y se sumergió en silencio. Todo fue calma en ese lugar.
Mirando el agua durmió y soñó con un hombre pez que volaba en el agua.
Despertó de noche, pero no lo sabía. Sólo se dio cuenta cuando amaneció.
Detrás de él había un bosque; en lo noche no existía (no era más que bestias y demonios).
Ahora eran árboles y un camino.
por lucas.
La arrojó al mar.
Antes de que toque el agua un pez rojo la devoró y se sumergió en silencio. Todo fue calma en ese lugar.
Mirando el agua durmió y soñó con un hombre pez que volaba en el agua.
Despertó de noche, pero no lo sabía. Sólo se dio cuenta cuando amaneció.
Detrás de él había un bosque; en lo noche no existía (no era más que bestias y demonios).
Ahora eran árboles y un camino.
por lucas.
lunes, 21 de julio de 2008
El perro en el circo
El circo es una institución muy antigua, data de los 500 años antes de Cristo, de ahí la frase que decía el pueblo romano a sus autoridades "Danos pan y el Circo".Desde esas épocas, el perro juega un papel importante en este tipo de espectáculos, pues cuando Julio César conquista Europa, ayudado por el Canis Pugnaces; ya acompañaba a los gladiadores en la arena del Circo Máximo al pie del Monte Palatino.
En la Edad Media, los titiriteros exhibían perros, a los que hacían saltar a travás de aros. Para el siglo XIII en Inglaterra, el perro como parte del espectáculo, circernse, si a esto se le puede llamar espectáculo; luchaba contra osos (bear & baiting) y contra toros (bull & baiting) hasta que esta práctica fue abolida en 1835 por el Parlamento Inglés.
A pesar de esto, también en Inglaterra, en los siglos XVIII y XIX se practicaban combates de perros contra monos, ratas y otros perros. Si bien a la vista del espectador, disfrutar de un número circense con perros era una delicia; tras bambalinas el entrenamiento podía resultar penoso para el perro, como se describe en la novela de Jack London. "Michael, perro de circo"; al grado que en Londres se crea el Club Jack London en 1914, cuya misión era proteger a los animales de circo y lograr que fueran abolidas, dentro de lo posible, las pruebas de habilidad acrobática especialmente peligrosas y los métodos de adiestramiento crueles e inhumanos.
El circo moderno fue adquiriendo sus características definitivas en el siglo XIX, de tal forma que llegá a ocupar un papel muy importante en la vida social de muchos países. Con el conocimiento y desarrollo de la Etología y por la rapidez del perro para aprender los ejercicios más diversos, los espectáculos caninos, son una de las atracciones principales en los circos. Los cuales han incorporado números muy antiguos protagonizados por perros de talla chica a mediana, principalmente por la facilidad de su transporte y manutención, estas razas generalmente son los Poodle, los Fox Terrier, los Spitz y los Bichones.
El número más sencillo, consiste en que el perro salte una barrera. Recibiendo como premio alguna golosina. También hay números de los llamados "clásicos", consistentes en el salto del látigo, el salto a través de aros o el salto del látigo, el salto a través de aros o el peligroso salto hacia atrás o perros que suben por una escalera y después saltan hacia una alfombra algunos metros más abajo. Todas estas proezas se aprenden con mucho esfuerzo. Y aunque resulte relativamente sencillo enseñar a un perro a que se ponga de pie, es mucho más difícil hacerlo caminar sobre las patas traseras. También hay perros habladores, que pueden articular algunas palabras. En Alemania, hubo un perro que se llamaba "Don", que decía si o no, como si lo hiciera a propósito y hasta un Poodle, que cantaba una parte de la obra el "Trovador de Verdi"; también hay perros lectores o calculadores; que pueden, para delicia de niños y adultos sumar y ladrando dar el resultado correcto, para explicar esto podemos pensar en reflejos condicionados, indicaciones del entrenador y hasta por parte del lenguaje corporal del público.
En fin, hay circos que exhiben perros subidos en caballos, en yacks, otros que presentan Borzois mezclados con leones. Perritos disfrazados, Boxers futbolistas, dada su naturaleza a jugar con pelotas; pero todo esto es cuestión de aprendizaje del perro, modelado por el hombre ya que acepta el adiestramiento mejor que otras especies, pero este adiestramiento a beneficio de la diversión del ser humano solo, es válida siempre que no vaya en contra de la naturaleza, la integridad, y el balance psicológico de nuestro mejor amigo. El perro.
En la Edad Media, los titiriteros exhibían perros, a los que hacían saltar a travás de aros. Para el siglo XIII en Inglaterra, el perro como parte del espectáculo, circernse, si a esto se le puede llamar espectáculo; luchaba contra osos (bear & baiting) y contra toros (bull & baiting) hasta que esta práctica fue abolida en 1835 por el Parlamento Inglés.
A pesar de esto, también en Inglaterra, en los siglos XVIII y XIX se practicaban combates de perros contra monos, ratas y otros perros. Si bien a la vista del espectador, disfrutar de un número circense con perros era una delicia; tras bambalinas el entrenamiento podía resultar penoso para el perro, como se describe en la novela de Jack London. "Michael, perro de circo"; al grado que en Londres se crea el Club Jack London en 1914, cuya misión era proteger a los animales de circo y lograr que fueran abolidas, dentro de lo posible, las pruebas de habilidad acrobática especialmente peligrosas y los métodos de adiestramiento crueles e inhumanos.
El circo moderno fue adquiriendo sus características definitivas en el siglo XIX, de tal forma que llegá a ocupar un papel muy importante en la vida social de muchos países. Con el conocimiento y desarrollo de la Etología y por la rapidez del perro para aprender los ejercicios más diversos, los espectáculos caninos, son una de las atracciones principales en los circos. Los cuales han incorporado números muy antiguos protagonizados por perros de talla chica a mediana, principalmente por la facilidad de su transporte y manutención, estas razas generalmente son los Poodle, los Fox Terrier, los Spitz y los Bichones.
El número más sencillo, consiste en que el perro salte una barrera. Recibiendo como premio alguna golosina. También hay números de los llamados "clásicos", consistentes en el salto del látigo, el salto a través de aros o el salto del látigo, el salto a través de aros o el peligroso salto hacia atrás o perros que suben por una escalera y después saltan hacia una alfombra algunos metros más abajo. Todas estas proezas se aprenden con mucho esfuerzo. Y aunque resulte relativamente sencillo enseñar a un perro a que se ponga de pie, es mucho más difícil hacerlo caminar sobre las patas traseras. También hay perros habladores, que pueden articular algunas palabras. En Alemania, hubo un perro que se llamaba "Don", que decía si o no, como si lo hiciera a propósito y hasta un Poodle, que cantaba una parte de la obra el "Trovador de Verdi"; también hay perros lectores o calculadores; que pueden, para delicia de niños y adultos sumar y ladrando dar el resultado correcto, para explicar esto podemos pensar en reflejos condicionados, indicaciones del entrenador y hasta por parte del lenguaje corporal del público.
En fin, hay circos que exhiben perros subidos en caballos, en yacks, otros que presentan Borzois mezclados con leones. Perritos disfrazados, Boxers futbolistas, dada su naturaleza a jugar con pelotas; pero todo esto es cuestión de aprendizaje del perro, modelado por el hombre ya que acepta el adiestramiento mejor que otras especies, pero este adiestramiento a beneficio de la diversión del ser humano solo, es válida siempre que no vaya en contra de la naturaleza, la integridad, y el balance psicológico de nuestro mejor amigo. El perro.
martes, 8 de julio de 2008
Golpe
El sol te pega en la mano mientras la mano pega contra un árbol pegado en una calle que pega golpes de bache a hombres que golpean bocinas para no golpear al de al lado o golpear la puerta de quien quieren golpear en lugar de golpear la puerta de la cabeza y preguntar qué golpe es el que hace golpear la bocina que golpea el oído del hombre que camina cerca del árbol que golpea la calle mientras el sol golpea en su mano.
dejemos de golpear bocinas y dejemos que el sol nos golpee en la mano.
es un mensaje de la dirección nacional de tránsito.
por lucas.
dejemos de golpear bocinas y dejemos que el sol nos golpee en la mano.
es un mensaje de la dirección nacional de tránsito.
por lucas.
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