miércoles, 20 de julio de 2011

Un joven se va

El tren se pone en movimiento mientras termina de amanecer en silencio. De a poco va quedando atrás la estación, el cartel de Chacabuco y también mi última noche y con ella las lágrimas de Eloísa, su respiración corta, sus ojos rotos y su frase perdida de que me va a esperar, mientras yo soñaba ya con las mujeres que me esperan.

No supo ella, o no quiso saber o no pudo entender que yo me libraba fácil del abrazo porque hacía tiempo que había partido y prefirió creer otra cosa con su tímido “ya sé que te cuesta”. Yo también se lo dejé creer y encendí ese último cigarrillo que ella olió como nostálgico y para mí era un punto de partida. Miré la ciudad desde el 504 verde y las luces de las casas me parecieron tan pocas que recordé cuando me parecían muchas. Vi los ojos de Eloísa mirando las mismas luces y vi en ellos mi regreso y ella esperando en la estación y la dejé creer para no empezar a decir cosas sin sentido.

Bajé del auto para orinar el vino de quince pesos que elegí de pasada en el almacén y miré cómo se mojaban las raíces del árbol y pensé cómo sería orinar en el asfalto.

Eloísa todavía en el auto, queriéndome sin vergüenza. Cuando volví a subirme me dio un beso suave que terminó con labio firme y su mano en mi nuca. Yo, sabiendo que era nuestro último beso y ella creyendo que sellábamos ahí mismo mi regreso.

La dejé en la puerta de su casa y la miré desde adentro: Eloísa sin pena ni gloria. “Ya te sabrán querer”, pensé.

Cuando di vuelta la esquina, se había ido para siempre y sentí que se iban con ella su pollera nueva, sus rodillas fofas y sus tetas; pero también se iban mi vieja con sus galletitas Lincoln, mis discos de pasta, los cigarrillos arriba del tanque, mis dioses de la infancia, la cara mojada del Topo en el bebedero, la cuenta eterna en el almacén de Bartolo, las manos gruesas de Juana planchando mi ropa, la cama de arriba, una escalera de mármol y las orejas rojas de mi viejo gritando los goles de Boca.

por lucas

jueves, 7 de julio de 2011

Una señora en una casa

Recuerdo el primer día que salimos de esta casa. Era un día que en cualquier otro momento me hubiera deprimido, pero no esa vez. Era invierno, y un invierno como una larga noche. Era uno de esos días en que la luz se apaga de pronto. Una estaba haciéndose un té, de día, o mirando televisión o escuchando la radio y de pronto, ya había caído la noche. A las 6 de la tarde, ya era de noche, así, de pronto, como un apagón.
Y a mí, la noche, siempre se me hizo final. Cuando cae, es como que caigo yo y ya quiero el día. Y no hay vuelta que darle, quiero que venga el día. Por eso las velas. Por todas partes, velas. Para estirar la luz, para negar la noche, como decía Lono. "¿Para qué tantas velas? ¿Para negar la noche, m´hija? La noche es la noche, y si viene, viene."
Y el primer día que crucé por esa puerta, cuando salí, ya era de noche. Pero yo sabía que tenía un nuevo lugar, una casa. Una casa con mayúsculas. Me acuerdo que me paré en esa misma puerta y ahí, en el medio del living, se paró Lono. Y, entre nosotros, la dueña de la casa. Y Lono me miró y movió los brazos para arriba y después los dejó caer contra su cuerpo, haciendo ruido. Y yo le saqué la lengua y supe que nos quedaríamos para siempre, o al menos hasta que yo quisiera. Después salimos y era de noche. Habremos hecho cuatro o cinco cuadras en el auto hasta casi la heladería y ahí recién nos volvimos a mirar y sonreímos. A la semana estábamos escriturando.
Y por esa misma puerta por la que salimos, después entramos y salimos una y mil veces más. Y vinieron los hijos, como ríos, a llenarlo todo y a pasar una y otra vez por la puerta. Con fuerza algunos días, con lágrimas otros, con alegrías, con vino, con frustraciones, con despidos, con quiebres, con camisas, con flores secas, con muertos y después pasaron fantasmas y se gritaron goles y se dijeron mentiras y se soplaron velas.
Y ahora ahí, la puerta, seca, muda, abierta. Y ya no sé si alguien vendrá o si ya habrán muerto todos allá afuera esta tarde que mientras hablaba se convirtió en noche. Así que mejor prendo una vela, para negar la noche.

por lucas.

miércoles, 22 de junio de 2011

Charla en una ruta

Dos compañeros de trabajo, de unos 50 años, en un coche que cruza por una ruta vacía, en la noche. Los encontramos en medio de una conversación.

Conductor: Y ella se pasa la semana viajando de acá para allá. Y encima los sábados también labura.
Copiloto: Pero che, eso es mucho esfuerzo.
Conductor: “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”. O de mujer, en este caso.
Copiloto: ¿Qué decís?
Conductor: Es una frase.
Copiloto: ¿De dónde la sacaste?
Conductor: De dónde la saqué….es una frase que decía mi abuela.
Copiloto: ¿Qué quiere decir? ¿Cómo era?
Conductor: “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”. Es una frase que decía mi abuela. Siempre la decía. También decía: jue de men, jue de villene.
Copiloto: ¿Qué?
Conductor: Juego de manos, juego de villanos, en francés.
Copiloto: No sabía que sabías francés.
Conductor: No sé, sólo se esa frase y ni siquiera sé si está bien pronunciada. Pero mi abuela la decía así…y también decía esa otra que te dije antes. Para mi tiene bastante sentido.
Copiloto: Para mí es una pelotudez.
Conductor: No, pero mirá que es una frase de un groso eh, no se si no es de Ghandi o de alguno así. O de Shakespeare.
Copiloto: ¿Y qué? ¿Por qué la dijo Ghandi o Shakespeare ahora me tengo que mear encima? ¿O ahora Ghandi o Shakespeare nunca dijeron una pelotudez? Si querés lo dejo a Ghandi tranquilo, con todo lo de la espiritualidad y todo eso, pero Shakespeare, dicen que era un borracho.
Conductor: ¿Quién dice?
Copiloto: Lo leí por ahí. No sé, la cosa es que no me va a cambiar el sentido de la frase porque la haya dicho alguien más o menos importante.
Conductor: ¿Lo leí por ahí? Claro, un tipo se mata toda su vida para ser uno de los mejores escritores de la historia para que después venga un vendedor de seguros panzón a gritarle al mundo que era un borracho, pero ni siquiera chequeó la fuente.
Copiloto: Lo que digo es que la frase es mala.
Conductor: Si ni te la acordás.
Copiloto: El esfuerzo por llegar a la cima es lo que llena el corazón de un hombre.
Conductor: No, no… “el esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para…”
Copiloto: Basta.
Conductor: Sí, basta.
Copiloto: No, que basta, que ya sé cómo es la frase, la dije más o menos igual. No estoy de acuerdo. Creo que si no llegás a la cima no llenás un puto corazón.
Conductor: No, no entendiste la frase.
Copiloto: Sí la entendí viejo, sí la entendí. ¿Ahora vos sos el literato del auto?
Conductor: No, pero chequeo la fuente, no como otros.
Copiloto: Tu abuela.
Conductor: ¿Qué te pasa?
Copiloto: No, digo, que la fuente es tu abuela.
Conductor: Ah…sí…bueno, pero mirá que mi abuela era más culta que la mierda, eh…vino del interior, de La Pampa, pero pasó por cuanto grupo de teatro había en la provincia y después en Buenos Aires iba siempre al teatro, siempre. Así que es una buena fuente. Y decía siempre esa frase, por eso me quedó.
Copiloto: Si, está bien.
Conductor: Y eso que era una frase larga para decir, pero la decía seguido. Aunque siempre para cosas pelotudeces. En eso era genial la vieja. Nos mandaba a sacar la basura y se mandaba esta frase de Shakespeare.
Copiloto: O de Ghandi.
Conductor: Quién sabe. La decía cuando nos mandaba a sacar la basura. Yo o mi hermano, cualquiera de los dos que se encontrara ante esa tarea, nos poníamos a putear. El departamento de mi abuela era, sigue siendo, bah, el departamento sigue siendo…en un segundo piso pero tenía descansos largos la escalera, como pasillos casi. Entonces había que caminar yo creo que unos buenos 200 metros desde la cocina hasta la calle, con la bolsa de basura. Y siempre alguno de los dos terminaba yendo. Casi siempre mi hermano, que era más chico. Pero bueno, la cosa es que cualquiera de los dos que iba, iba puteando. Y ella miraba desde la puerta abierta y se reía diciendo esa frase.
Copiloto: Piola la vieja.
Conductor: Yo nunca entendí esa frase, la repetí como un loro a mis hijos toda la vida. Cuando eran más chicos, cada vez que alguno tenía que ir a buscar algo que le pedía la madre o en las vacaciones, cuando hacíamos un asado que había que ir a buscar leña al bosque. Se ponían a putear los pendejos. Y yo la citaba a mi abuela, yo y mi hermano, ahora con un vasito de vino en la mano, poníamos la voz de la vieja y decimos lo del esfuerzo. Y nos cagábamos de risa de ver a los pendejos rezongando como nosotros. Pero el día que murió mi vieja me saltó sola.
Copiloto: ¿No era tu abuela?
Conductor: No, sí, la decía mi abuela. Pero el día que murió mi vieja me saltó la frase así en la cabeza. Mi abuela ya había muerto hace años. Pero me saltó sola la frase. Estábamos en la casa de mi cuñada, que tiene jardín, y yo me fui a fumar un pucho, en el velorio. Y estaba mirando la pileta y las hojas que estaban ahí en la pileta. Y me vino la frase y la entendí por primera vez.
Copiloto: ¿Qué entendiste?
Conductor: La frase…la entendí. Que no había ninguna cima para llegar, o que en todo caso no importaba la cima. Porque en el caso de mi vieja, en ese momento, en el velorio, la cima de ella para mí era un cajón marrón tan solemne como absurdo. Entonces dije, bah…pensé…claro…me acuerdo que pensé: ¿qué cima? El esfuerzo, el camino es lo que importa. No hay ningún lado a donde llegar. Eso pensé, mientras miraba las hojas en el agua.
Copiloto: Che, ¿por qué no frenamos acá? Mirá que no sé cuándo tenés la próxima.
Conductor: Dale…frenemos acá nomás.

por lucas

miércoles, 15 de junio de 2011

La muerte de un pájaro

Todavía recuerdo como una nube verde de hojas, recuerdo que algunas se quebraron, que las quebré con el pico en la confusión y los nervios y después una sensación de impulso en mi estómago, como una patada cortita desde adentro, como si mi cuerpo empujara a mi propio cuerpo. Después: todas las plumas erizadas en un segundo. Dicen que nadie puede recordar el primer vuelo. Uno de mis hermanos decía: “no hay memoria de esos momentos”. Pero yo una vez conocí un búho que recordaba el día en que nació, entonces quién me va a decir a mí que yo inventé mis recuerdos. Era un búho aterrador. Muy aterrador. Por lo menos para mí, porque yo creía que los búhos podían comerme. Otro de mis hermanos me lo había dicho una vez, para asustarme y lo había logrado. Yo me dormía muchas veces pensando en eso. Incluso trataba siempre de no ser el último contra las paredes del nido. Buscaba dormir en medio de la fila. Me aterraba la sensación de ser el último contacto entre el nido y el mundo, entre el nido y la noche. Muchas veces no podía dormir y mis hermanos me decían: “no seas estúpido, los pájaros no comen pájaros”. Pero yo seguía sin dormir. Y una tarde me topé con este búho; el búho que recordaba su nacimiento. Yo con un año y con el temor absurdo de ser devorado por un búho. Él, paciente en su rama gruesa, sereno y muy serio. Casi me choco con él. Yo volaba hace pocos meses y salí detrás de una hoja grande creyendo que después venía el aire fresco y el campo y en lugar de eso me encontré con su figura. Venía “pensando demasiado”, como dirían mis hermanos. Pude esquivarlo pero no a la rama más pequeña que había junto a él. Ahí estaba yo, tirado sobre el mismo suelo de madera sobre el que se posaba el peor de mis temores. Me miró, se rió con ganas y me dijo: “bienvenido”.

Ese fue el primero de muchos encuentros y el comienzo de una amistad. Pensar que le temía y después descubrí en él a una especie de maestro. Él me enseñó sobre la calma, sobre el silencio. Era él el que decía recordar el día en que nació.

Una tarde yo andaba triste, ya no recuerdo por qué, pero andaba triste. Y él me dijo: “¿te acordás del año pasado, cuando llegó la primavera? Todavía me acuerdo cómo saltabas de una rama a la otra, cómo jugaban todos ustedes (por mis hermanos y por mí, lo decía) yendo del álamo a los charcos, a rozar las flores con sus picos”. Yo asentí levantando levemente las alas, resignado. Él me dijo: “Si lográs recordarlo, ahora también estarías feliz. Si uno hace fuerza, puede recordar todas las cosas buenas y volver a vivirlas. Y también entender que las puede vivir una vez más si quiere”. Y me decía una frase, que no era de él, según él se la habían contado, y decía: “por la noche, en la oscuridad, la nieve sigue siendo blanca aunque no la veamos”. Y en una de esas charlas me contó cómo él recordaba el momento en que había nacido. Me dijo que para él era muy importante recordarlo, para disfrutar de su vida, que era un regalo. Así decía, mientras miraba el campo: “Yo se que todo esto es una especie de extraña casualidad. Yo, la rama, el aire, el campo, el sol. Esa casa que se ve allá lejos, con su humo y su olor. Es extraño y mágico que todos estemos aquí. Por eso recuerdo mi nacimiento”. Una vez también me dijo: “no sólo soy consciente de eso, también soy consciente de que pude no haber sido… y de que algún día ya no seré”. Y allí volvía a formarse ante mí toda su imagen de búho, de misterio; otra vez el temor. Pero él podía pensar eso y estar tranquilo. Yo en ese momento no veía más allá de mi próxima carrera contra las flores, la próxima aventura. Ese era mi futuro más lejano: correr como un loco por el aire hasta estar a un centímetro de una roca, de la tierra, del agua y ahí doblar y subir y gozar de mi velocidad, de mi juventud. Con el tiempo fueron decantando sus palabras. Y comencé a hacer ese ejercicio de recordar. Por eso puedo recordar mi primer salto, la primera vez que pude volar. Aunque mis hermanos se hayan reído tanto de mí. Recuerdo mis plumas erizadas y la sensación de no tener suelo y la extraña sensación de que podía confiar en no tener suelo y que el suelo llegaría cuando yo quisiera y no me caería, ya no me caería. Dejar atrás el álamo un metro, dos metros, cincuenta metros, cien metros. Dejar atrás el álamo hasta que las proporciones se invertían y ahora el álamo era un punto pequeño detrás y la casa del hombre algo grande, y ver un techo, una teja, sentir el humo de la chimenea hacerme cosquillas en el pico y empaparme las alas, ahumarme las alas si yo así lo quería. Y después correr en picada hacia el agua y bañarme y desahumarme y secarme con el viento subiendo rápido. Y volver al álamo. La sensación de volver al álamo, al suelo de madera. Ahora veo al viejo álamo con el rabillo del ojo y se con seguridad que ya nunca volveré a su suelo. Una de mis alas ya no responde y será cuestión de días o de horas para que algún animal me encuentre. Por lo menos se que no será un búho, porque los pájaros no comen pájaros. Un búho es el que me salva de este momento, el búho que me enseñó a recordar. Y puedo agradecerle por estar aquí tendido y recordar mi primer salto, mi primer vuelo. Puedo sonreír con mi pico lleno de tierra y mirar mi ala manchada con sangre. Sus palabras me ayudan a entender ahora que pude no haber sido y también que ya no seré. Y que una vez volé por primera vez y llené mis plumas de aire. Que se hincharon mis plumas y se llenaron de viento por primera vez y que mis garras pequeñas no encontraron el suelo y se marearon y sonrieron y se inclinaron ante el viento fuerte y que planeé y que volví mucha veces a un álamo para volver a partir a volar muchas veces más. Todas las veces que quise volar.

inspirado en "Balada del Álamo Carolina", de Haroldo Conti.

por lucas

miércoles, 18 de mayo de 2011

La esquina de mi suelo

Con el tiempo me encontre a la vuelta de la esquina, y me di cuenta que estoy cada vez mas religioso,por suerte, sino ¿que seria de todas las alamas en el infierno si yo no creyera que existen? Digo, y por si se me considera un blasfemo, no lo digo más, aunque por vos lo repetiria mil veces, no importa a quien ofenda, si es por vos. A lo que va el cuento es a eso, a mi religion, a vos, y a los demas, a los que estan en el cielo esperando que se abran las puertas para ir al infierno, y los que estan en el infierno esperando que un dia nieve. Yo al ver que eras dueña de todo, me aleje, ya que estando bien cerca del te podes quemar, o quedar bizco, o te pueden dar una patada en las pelotas, asi que bien cerca por ahora no. Soñe con la totalidad del ser en su maxima expresion, soñe con perros, y con Stevie Wonder, una ventana, vos parada sobre la ventana, una remolacha y dos dioses tocando bossa nova, y yo ahi mirando a traves de los ojos de otro, la mirada estupefacta de un idiota como yo mirandote a vos.

viernes, 8 de abril de 2011

Mira cuantas maravillas en las tierras del Señor

Mira cuantas maravillas en las tierras del Señor, mira cuantos hijos hay en tu tierra Señor, pero por favor no me mires, hoy soy el peor de tus hijos, pertenezco a la categoría de las cucarachas y las hormigas, eternos enemigos del nido, nido hecho de cables pelados, cadenas salidas y tornillos en el piso, cada vez mas adentro de el caparazón que envuelve al peor de los hijos del Señor, como cada vez que el mundo se te derrite en las manos, y solo tenes un nudo en la garganta, que el silencio se apodere de tu garganta y que te vayas…. No tengo palabras, no tengo nada, no te tengo a vos… perdí…

Salmón

Uh… sabia que me estaba siendo difícil la marea, pero le resté importancia, no, me dije no, esto no es más que otra colina, no es más que otra encrucijada, lo sé, por eso le resté importancia y seguí nadando, río arriba… descanso…
Tú has sido quien ha precipitado el fin de mis días, “El ocaso del nadador” debería llamarse mi biografía, porque nadé toda mi vida… me gesté en el mar de la vida, y de ahí en adelante nadé, yo, nadé, no corrí, no trepé, no ascendí en mi vida, todo el tiempo estaba nadando, a veces un poco mas rápido, otras como delfín… pero siempre río arriba
“El comienzo de una era” dijeron cuando nací, ¿Ves? Vos seguro que cuando naciste dijeron “Señora esto parece una lechuza”, ami me dijeron que era el futuro, eso de lo que todos se enorgullecerían, y ahí está… me tiraron a la pileta sin alitas, nada… directo a la vida, entonces les dije “muéstrenme el río, y yo lo cruzaré, quiero lavar mis pecados, quiero ser como el sol que no tiene nada que hacer mas que rondar los cielos de Dios”

domingo, 27 de febrero de 2011

Especificaciones necesarias para entender el mundo

o simplemente el hombre que estaba en la entrada con el sombrero y el reloj gigante, nos pudo haber dejado entrar, ¿que pasa con las maquinas de helado? ¿acaso estan averiadas por el calentamiento global ? Que eso no es otra cosa que una manipulacion vil, e inhumana creada por una corporacion seguro, y mas que todo eso es la ilusion de creer que lo que le pasa a el mundo es que tiene calor, bueno loco a todos nos pasa, sobre todo a los que nos sudan los pomulos. Es increible ver como un angel se aparece por el costado del monitor de la pantalla, y nos dice como esta ,el verano es espectacular, un hombre fue tiroteado fuera de su casa, lo detectives investigan, y los enemigos en comun que tenemos con Saddam me encontraron pero por suerte tenia un escudo hecho de niños, en realidad soy como el hombre que todos esperan que estalle como una bombita que se uso mas de 1 año, mas que estallar, que colapse, eso colapsar, como el trafico, el transito, seguro tambien lo haces vos. A esos chicos que salian en esa propaganda del gobierno de la Nacion, cuando terminaron de grabar un acoplado los paso por encima, todo porque no se fijaron a los costados cuando cruzaron la calle, o quizas porque el camion venia por la vereda, ya que el camionera, como el mundo, se estaba cagando de calor y pensando en la reina de Inglaterra que si se le ocurre que necesita los servicios de el tiene que estar atento, pero no lo estaba, porque la bailarina hawaiana que mueve las caderas que esta en ña parte de adelante de su camion, fue brutalmente asesinada por el perrito que menea la cabeza, que todos pensamos que cuando se compra uno de esos, no se va a rebelar, o que si le enseñas a buscar una pelota te vas a divertir toda tu vida, pero no, los perros no son confiables, bah, son tan confiables como tener cianuro en la casa, o dejar dormir un bebe en una licuadora, es lo mismo, los perros son los mas mortiferos mamiferos sobre la tierra, ¿ o acaso nunca has visto pelear un perro contra un dinosaurio ? ¿no estudiaste en la escuela nada ?



tom

miércoles, 5 de enero de 2011

avión

Cuando viajo en avión
veo todo desde arriba
como un filósofo.

Siento que la tierra que dejo
será distinta cuando vuelva
y que el mundo al que viajo
tendrá sorpresas.

Días más tarde aterrizo en la tierra que dejé
y me olvido que volé,
hasta que vuelvo a volar.

por lucas

lunes, 13 de diciembre de 2010

Q (CU)

¿porque todo tiene que tener tu sol?
acaso no es factible que aun despues de haberme arrancado la nariz, todo tus olores sigan presentes..... hoy el espacio entre la cama y la heladera es gigante, el espacio entre vos y yo es infinito.... y el sulo es mi refugio, mispalabras el techo, y tu paraguas ya no me tapa...

jueves, 23 de septiembre de 2010

El elemento

El elemento, conforme se va acercando a la luz desaparece entre tus pies y mis miedos. Que el instante anterior al beso no se detenga nunca, quizás sea para siempre. El individua que aquí no vino hoy dice que esperar es en vano, que la vida se pasa en coma, y hoy acabo de despertar en tu sonrisa, que bien se siente, el día, la noche, la mañana opinaron lo mismo. Un cuerno me importa el sablazo que me quieren dar, ¿quien sois? ¿Cual es tu asunto en este castillo? ¿Vas a destrozar sus paredes con tu “realidad”? ¿Os Atrevéis? ¡Morid entonces! Deberán arrasar con mi alma antes de corromper este castillo de amor. Oh! Bendito elemento cósmico, Oh! Bendito elemento.

jueves, 26 de agosto de 2010

Amigo

Mi amigo murió y hoy cumple años.

Quiero llamarlo pero no sé a dónde.

Así es la ausencia.

Como querer talar un árbol con un beso.


por lucas

viernes, 23 de julio de 2010

La casa encantada

Sin palabras
sin paredes
con ventanas
como ojos.

Se sonríe frente al niño,
enseña sus dientes
y enmudece frente al hombre

Grita fuerte por las noches
y en el día es un espejo.

El niño que la encuentra, un tesoro.
El hombre que la niega, corrompido.

Sucederá, años después:
el niño que la busca,
la camina ya de viejo.
Llorará por no encontrar
viejos fantasmas.

por lucas

jueves, 25 de febrero de 2010

"Creo que todos, alguna vez, vieron morir a un perro"

Pasamos la tarde en el puente;
viendo cómo un perro moría más abajo en la ruta.
Antes había estado cerca nuestro escuchando nuestra conversación.
Después dormía sin vida contra el pavimento.
Fascinados miramos durante horas la transformación de su cuerpo,
de cuerpo de perro a cuerpo muerto de perro muerto.

"Creo que todos, alguna vez, vieron morir a un perro", dijo Pedro.
Juan sonrió (aún no se si asintiendo o dudando).
Yo me corrí una mosca de la frente.

Ninguno de los tres sabía que:
Pedro moriría igual que el perro.
Juan no moriría nunca.
Yo había muerto la noche anterior.

por lucas

martes, 5 de enero de 2010

HOLA

Hola, no me imporata quien sos, vivo en la isla Mikonos, y soy feliz, tengo un papagayo entrenado y una bicicleta desinflada. Hola, como estas? Ya no me interesa, como pan solo, pan con mermelada, solo, pan con azucar, solo, pan solo, solo. Hola, te sentis bien? Me criaaron 4 cerdos en un chiquero, visto siempre la misma ropa, y tengo siempre el mismo sueño, volar. Corro mucho, me escapo mucho, limpio poco y tomo mucha agua. Hola, tenes hermanos? Jugue al 25 y no salio, y justo era navidad, y estaba en casa comiendo pan, solo, con los 4 cerdos mirando por la ventana, y mis sueños en la chimenea esperando volar, como si fuera poco, no tengo reloj, religion o sombrero, que ya que estamos en el baile, son todos lo mismo, porque un ingles jamás podria salir de su casa sin su reloj, religion o sombrero, yo puedo salir sin todo eso y sin zapatillas. Hola, hay alguien ahi ?




tom

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Cab

Pomeran, era un tipo tranquilo. Aunque detestaba las circunferencias, lo cual le hacia difícil el día a día. Por mas que quisiera era insensible al dolor y sufrimiento, y aquello que llamaban pena, el nunca había conocido. Un gran pensador, y filosofo, Pomeran !, el único, el tranquilo, el de la cabeza. Si, el de la cabeza, Pomeran era el único de todo el pueblo con cabeza. Esta de mas decir, que aquella mañana había sido poco común. El mate no tenia gusto a mate, sino de nuevo a calabaza, los huevos se habían convertido en pollitos, y las salchichas en suela de zapato. Los postes de luz volvieron a tener vida, y el océano se llevo a los puesteros de la costanera, y sin embargo Pomeran aun no salia de la ducha, quebranto aquella mañana con la rutina de 50 años, y quedo bajo el chorro mas de media hora. Y vio lo que no le mostraba el espejo, aquel mentiroso con el cual había convivido desde su primera ida del nido, vio como el agua generaba el deterioro de la piel, y recordó el día en que su padre le enseño a afeitar su rostro.
Ahora ya cambiado no recuerda como salió del baño y llego al dormitorio, pero estaba vestido y listo para irse. Aunque tarde sabia que estaba llegando, no le importo, caminó, el viento le beso la cara y en el pueblo morían de envidia. Tanto caminó que perdió el sentido.
Esa mañana había sido terrible, su pueblo quedó devastado, y él, Pomeran, el único sobreviviente no lo sabia. Llego a un pueblo donde todos tenían cabezas, y no entendía porque le resaltaba tan extraño. Llegó a ser un hombre muy importante, Pomeran, pero nunca pudo recordar, salvo aquella mañana en que el padre le enseño a afeitarse.

jueves, 23 de julio de 2009

Loco

loco, pero no igual al mar

loco, pero sin miedo a saltar

loco, en vez de un pajaro

loco, a veces y sin sentido

loco, de mierda y quizás mas

loco, desde lo que me mueve

loca, y loca mi alma

loco, el que miente

y loco el que me mata

loco, otro y otro yo

loco, estoy por entrar

loco, de cualquier lugar

ese soy yo... un loco por pensar (je)....



tom (18/06/06)

martes, 21 de abril de 2009

el vestidor vacio otra vez, y mi manos ya no te llenan los zapatos
yo queria ser vaquero, el zorro, y un leon,
y me dijsite que los cerdos no alimentan a los tigres
finalmente el edonismo toco la puerta
y el que creyo estar libre de amores,
en perro se ha convertido

si un minuto de tu luz ya no fuese eterno
mi calva aun brillaria en ti


tom

el viejo de manchas en las manos

Hoy vi morir a un hombre:
era un viejo de manchas en las manos.
De un momento a otro sus ojos murieron,
aunque él permaneció vivo
(al menos hasta que yo me fui,
aunque sé que murió).

Estaba acostado contra el pasto,
mirando a la Colectora;
las manos de una señora gorda en su nuca,
los ojos de cuatro niños en sus ojos.
Los niños se miraban entre ellos,
entre risas y pánico,
viendo por primera vez la muerte,
junto a mí.

El bastón del viejo, lejos;
en el piso, en la vida.
La boca del viejo, sorda;
muerta, balbuceante.

Gritaba lo último.
En verdad aullaba,
como un niño.
La señora gorda parecía enojada,
no lo dejaba morir,
aunque se veía que no eran conocidos.

Los ojos con agua del viejo,
pasaban frente a nosotros
(la señora gorda,
los cuatro niños que reían
y yo)
el film de su vida:

la mujer que pisó con su auto,
los trajes marrones,
el turf,
las rodillas de La Paraguaya,
el hijo que murió en el río;

tal vez.

por lucas

martes, 24 de marzo de 2009

papas

El hombre hacía que las papas fritas no suenen.
Desde su pelo blanco,
luego,
miraba rígido.

No era una estrategia,
ni un gran plan:
sólo un consejo.

"La ponés entre tus dedos,
le sacás la sal.
La ponés en tu boca
y la chupas con la lengua y el paladar.
Despacio, hasta que se humedezca.
Ahora sí,
vas a ver cómo no hace ruido".

Como las hostias,
las fritas de mi abuelo.
Sonando a papel mojado,
a servilleta,
a no papa frita,
a nada.

Hace poco lo vi a mi abuelo.
Comía unas papas,
haciendo mucho ruido.

por lucas.