miércoles, 12 de octubre de 2011

Termina Ahi

Latir se hace, pero tambien se nace. Se nace latiendo, pero tambien es algo que uno hace. Aunque se haga sin hacer nada y aunque nunca sea lo unico que uno hace. Probablemente uno transcurra la vida misma sin jamas hacer un real esfuerzo por latir. Y sin embargo uno late.. 24, 7, 365, 56. A veces mas, a veces menos. Pero siempre. Por cosas como esta es que no me siento a escribir. Sin embargo el desamor te empuja. Pensas mas cosas, otras cosas, menos cosas. Caminas mas para algunas cosas. Caminas menos para algunas cosas. Caminas distinto. Ves las X. El mundo hace mas ruido. Hace mas humo. Comer es comer. Llorar tambien. Casi siempre hace frio, salvo cuando hace calor. Y ahi es cuando escribis. Cuando tenes preguntas. Sentarse a escribir respuestas es soberbio. Sentarse a escribir es, si uno quisiera, lo que uno quisiera. Una vez alguien dijo: "voy a escribir cuando tenga algo q escribir, nadie me pregunta porq estoy tomando menos agua, y es solo porq tengo menos sed". Creo que fui yo el que dijo eso. Creo que no se lo dije a nadie. Solo lo pensé. Y ahora lo escribi. Y ahora lo pense de nuevo y lo borraria. Pero ahi esta. Latiendo. Latiendo. Ja.
Hay una incomodidad nueva en todo. Latir es incomodo. Almorzar es incomodo. Subir es mas facil, si uno tiene ganas y se banca los raspones. A veces el puñal clavado con una sonrisa, duele menos. Aunque la incomodidad de ponerse una remera con el mango saliendo del pecho sea la misma, la sonrisa reconforta. Capaz solo alcanza con ser feliz. Los otros garabatos son por el amor a garabatear. Y garabatos mas, garabatos menos, ya escribi garabato cinco veces. Necesitar es incomodo. Una incomodidad imperceptible. Como tener una pierna ligeramente mas corta. Es incomodo. Uno puede hacer lo mismo que haria con piernas identicas. Solo que lo hace estando incomodo. Estar incomodo es mas incomodo que estar mal, o triste, o muerto. Uno tiene todo para estar bien, si no fuera por la incomodidad. Uno puede seguir latiendo, pero incomodo. Rengo. Cojo. Ja.
Casi todo lo que pienso me parece trascendental. Casi nada de lo que pienso lo es. Si lo fuera lo seria. Y no lo es de tanto pensarlo. Paso de la iluminacion chamanica a la oscuridad adictiva como de living a comedor en un living-comedor, sin darme cuenta, sin linea divisoria, sin mas referencia que el sillon. Parece como si todo el universo se hubiera neutralizado. Nada es bueno, nada es malo. Todo depende de cuanto te hundas el puñal a la mañana.
Mat

domingo, 9 de octubre de 2011

Subte sin manija

voy a decir algo, entonces lo pienso y no lo digo. Callo una vez mas lo que debería gritarte a los ojos. El dimer de mi voz esta bajo, la griega me reta luego de tanto usarla. Y acá esta una vez mas, la letra y la hija, la hermana y la morfina, Jorge, Raúl, Nector, y vos. ¿Cómo luego de haberse acomodado en mis piernas, aun piensas en cabalgar algo mejor?, cometas del cielo, cometas, de el. ¿A cuantos los dejaste sin nada para decir? ¿Que hacías mientras tanto? Tanto. Y ahí esta de nuevo, encabezando mis pensamientos, la constante duda, el constante vacilamiento, la desvencijada cama que ruido hace cuando meneo, el sol, el sol, solo. Contraste constante, blanco y negro, no sepia, no sepia. Naturalmente, es solo sexo, no hay amor, es solo sexo, no hay dolor, es solo sexo, es un momento, un delirium tremens, no solo sexo. Es increíble pensar que en el televisor de tu cabeza estén pasando los tres chiflados todo el día, como subte sin manija. Empapado de sudor Cristo reza en la cruz, se arrepiente, se lamenta, y se redime. A Barrabas ! A Barrabas ! Crucificadlo ! Vestirse de negro no es ser oscuro, no es estar de luto, es vestirse de negro, me convencí. Entonces te muestro lo que puedo hacer, hago la danza de apareamiento, salto sobre fuego, me marco la piel, me corto las extremidades, menos el cerebro, la gónada, el cuerno inferior, las manos y los pies, a decir verdad no me corte ninguna extremidad, es solo una sensación latente desde que nací, que me faltan extremidades, una cola mas larga, otro brazo, o quizás un cuello más. Van, ellos van, ellos van y no vuelven, no vuelven en si, luego de tanto big bang, a todos le cuesta volver en si, más a ellos, que van y no vuelven. Que gusto a final me dijo la ultima palabra de la frase anterior, puede ser, le dije, me dijo también que debería hacer más deporte, pero creo que solo me estaba echando de su casa porque no le cai bien. Como recurso me utilizo, como ejemplo me utilizo, como musa me utilizo, como muzza me utilizo, Coco Musza no encuentra donde dormir. Al Fin y al Cabo, los metieron presos, con Seguro, los tres comparten celda porque hay superpoblacion de presos, Seguro es el mandamás, esta desde que la palabra es palabra. Desde que el hombre es hombre. Cadena perpetua desde el principio, desde que nacemos, como todo, como el amor, como el dolor, como todos. Es por eso que estoy enfermo y la sociedad se avergüenza de mi, estoy enfermo de las manos, no se si lo habías notado, estoy enfermo. Me gusta escribir, y a mis manos le gusta aun mas, entonces pienso que estoy enfermo, porque no siento el peso de mi cadena perpetua, porque estoy SEGURO, Y AL FIN Y AL CABO, ME GUSTA VIVIR.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La Maldita Costumbre

Los deseos me están apretando el cerebro, lo siento en el corazón, el cual ya no late con aires de amor y tolerancia. Me pregunto frecuentemente que he hecho para que mi existir fuese tan errante, y no encuentro razón alguna. Es quizás por eso que mi cerebro late, y mi corazón piensa, o mis pies piensan y mis brazos laten, mi cerebro camina lejos de mi, y me corazón toca el piano. Eh de andar desconfigurado, supongo, desde aquel día, supongo, y digo supongo, porque todo esto lo supongo, no porque lo sepa, si lo supiera no lo supondría. Viendo mi problema, el medico me recomendó no pensar por un tiempo, que todo se iba a acomodar, solo tengo que dejar de pensar. Un cuerpo sin capitán, le dije. No pienses más me dijo el. Fue así que me desconfiguré, pensé al tiempo de no pensar en nada. ¡Que bien se siente pensar!, pensé, y entonces pensé en el medico, en las instrucciones que me dio, y pensé en vos, como casi siempre que pienso, ah cierto... por eso no pensaba más... por vos, por el deseo de tenerte cerca, de besarte, de mirarte, o de no pensar más.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Mientras cruzo un río

Yo mientras cruzo un río puedo, también, volver de un entierro donde la cara de un niño descansa sobre un ataúd pequeño, de madera cortada de un árbol pequeño.
La madera de los ataúdes pequeños sale de árboles pequeños. La madera que entierra a los niños sale de árboles niños; y si no es así, debería serlo. Algo tiene que doler en el mundo, alguien tiene que pegar un grito sagrado; cuando muere un niño que no nació, que no río, que no bebió, que no engañó.
No creo que baste con mi soledad eterna, que en verdad estaba desde antes y por eso es eterna hacia adelante pero también hacia atrás. No creo que baste con volver del entierro con las manos de mi mujer rascándose el tobillo ni con mi otro niño, el que vive, durmiendo y rebotando su cabeza por los pozos del camino.
No creo que baste con la no conversación que nos envuelve como una bolsa de las compras alrededor de nuestras cabezas, ni con la calle detrás de la ventana ni con el perro que pasa y mira la nada o con el mundo que no miramos.
No, no creo en eso. Creo que debería haber un ritual; pero no un ritual humano. Ni siquiera un ritual animal o vegetal. Sólo el ritual impulsivo de una tierra que hace un sacrificio. Que deja que muera junto a un niño, también trunco, un proyecto de árbol que no va a correr a buscar la luz, que nunca va a ser sombra, que no va a beber nunca del agua del río. Algo que justifique la vida que no fue, el estatismo, el no alcohol en las no venas de un niño que podría haber sido tonto, que podría haber sido mudo, que podría haber sido el más consecuente lacayo de un patrón obeso, sudado y pedorrero o el más guerrero de todos los revolucionarios del desierto.
Así, palabra tras palabra, letra por letra, sonido tras sonido: toda esa víbora de pensamiento, todo ese hilo enmarañado, ese gusano maldito puedo tener en la cabeza cuando se suceden, en este orden: la vida, la muerte, la búsqueda, la muerte, la vida y la persecución.
Todo ese polvo sucio de ideas puedo tener dentro mío mientras cruzo un río rascándome la nuca. Como si cruzar un río fuera cruzar un río: como si todos los hombres del mundo hubiésemos hecho un conjuro, un pacto secreto en el que todos juramos no decir nada a nadie de nosotros o del mundo. Como si todos durmiéramos la siesta, mirásemos un burro, laváramos la ropa o cruzáramos un río realmente.
Yo, frente a todos los hombres, rompo el pacto y digo: cuando cruzo el río, en verdad busco a mi niño muerto, en verdad busco a mi mujer y a mi otro niño, a quien dije que nunca nadie le haría daño.
Pero mientras cruzo un río también puedo hacer algo más valiente: puedo ir desde mí hacia el desierto, volar sobre la tierra, volver al entierro, volver a la casa y volver a mí a decirme la verdad en la cara.
Pararme frente a mí, encontrarme conmigo después de una curva en el camino, detrás de una loma o junto a un cajón en el río. Pararme frente a mí para encandilarme a mí mismo, como una liebre ante unos faros en la noche. Y ser los faros y la liebre al mismo tiempo. Y romper no sólo el pacto con el resto de los hombres sino esta vez romper el pacto conmigo.
Tocar mi nuca con mis mismos dedos y buscar, entre el polvo, el sudor y la sangre: un agujero. Y espantar de un golpe el horror de decirme en verdad que a quien busco y a quien persigo, sin querer saberlo, es al hombre que me quitó la vida, para que también sienta el desierto de estar muerto.

motivado por el cuento "El hombre", de Rulfo.

por lucas

jueves, 15 de septiembre de 2011

Fugnitivo

Es dificil de entender como podes conocer a alguien, y luego redescubrirlo y reconocerlo, y luego lo mismo una y otra vez hasta que se conocen. "A mi no me suena tan dificil de entender", "Vos sos un gil" le dije, y no nos hablamos más en 25 años, el dia que nos reencontramos segui con la charla desde donde la habia dejado, pero no era lo mismo, yo ya no conocia a ese ser que frente a mi se presentaba como mi amigo, no vei sus ojos en sus ojos... sus ojos,"¿Quien está ahí?" Pregunte, "¿No me reconoces?" Pregunto el, "No" le dije.

miércoles, 20 de julio de 2011

Un joven se va

El tren se pone en movimiento mientras termina de amanecer en silencio. De a poco va quedando atrás la estación, el cartel de Chacabuco y también mi última noche y con ella las lágrimas de Eloísa, su respiración corta, sus ojos rotos y su frase perdida de que me va a esperar, mientras yo soñaba ya con las mujeres que me esperan.

No supo ella, o no quiso saber o no pudo entender que yo me libraba fácil del abrazo porque hacía tiempo que había partido y prefirió creer otra cosa con su tímido “ya sé que te cuesta”. Yo también se lo dejé creer y encendí ese último cigarrillo que ella olió como nostálgico y para mí era un punto de partida. Miré la ciudad desde el 504 verde y las luces de las casas me parecieron tan pocas que recordé cuando me parecían muchas. Vi los ojos de Eloísa mirando las mismas luces y vi en ellos mi regreso y ella esperando en la estación y la dejé creer para no empezar a decir cosas sin sentido.

Bajé del auto para orinar el vino de quince pesos que elegí de pasada en el almacén y miré cómo se mojaban las raíces del árbol y pensé cómo sería orinar en el asfalto.

Eloísa todavía en el auto, queriéndome sin vergüenza. Cuando volví a subirme me dio un beso suave que terminó con labio firme y su mano en mi nuca. Yo, sabiendo que era nuestro último beso y ella creyendo que sellábamos ahí mismo mi regreso.

La dejé en la puerta de su casa y la miré desde adentro: Eloísa sin pena ni gloria. “Ya te sabrán querer”, pensé.

Cuando di vuelta la esquina, se había ido para siempre y sentí que se iban con ella su pollera nueva, sus rodillas fofas y sus tetas; pero también se iban mi vieja con sus galletitas Lincoln, mis discos de pasta, los cigarrillos arriba del tanque, mis dioses de la infancia, la cara mojada del Topo en el bebedero, la cuenta eterna en el almacén de Bartolo, las manos gruesas de Juana planchando mi ropa, la cama de arriba, una escalera de mármol y las orejas rojas de mi viejo gritando los goles de Boca.

por lucas

jueves, 7 de julio de 2011

Una señora en una casa

Recuerdo el primer día que salimos de esta casa. Era un día que en cualquier otro momento me hubiera deprimido, pero no esa vez. Era invierno, y un invierno como una larga noche. Era uno de esos días en que la luz se apaga de pronto. Una estaba haciéndose un té, de día, o mirando televisión o escuchando la radio y de pronto, ya había caído la noche. A las 6 de la tarde, ya era de noche, así, de pronto, como un apagón.
Y a mí, la noche, siempre se me hizo final. Cuando cae, es como que caigo yo y ya quiero el día. Y no hay vuelta que darle, quiero que venga el día. Por eso las velas. Por todas partes, velas. Para estirar la luz, para negar la noche, como decía Lono. "¿Para qué tantas velas? ¿Para negar la noche, m´hija? La noche es la noche, y si viene, viene."
Y el primer día que crucé por esa puerta, cuando salí, ya era de noche. Pero yo sabía que tenía un nuevo lugar, una casa. Una casa con mayúsculas. Me acuerdo que me paré en esa misma puerta y ahí, en el medio del living, se paró Lono. Y, entre nosotros, la dueña de la casa. Y Lono me miró y movió los brazos para arriba y después los dejó caer contra su cuerpo, haciendo ruido. Y yo le saqué la lengua y supe que nos quedaríamos para siempre, o al menos hasta que yo quisiera. Después salimos y era de noche. Habremos hecho cuatro o cinco cuadras en el auto hasta casi la heladería y ahí recién nos volvimos a mirar y sonreímos. A la semana estábamos escriturando.
Y por esa misma puerta por la que salimos, después entramos y salimos una y mil veces más. Y vinieron los hijos, como ríos, a llenarlo todo y a pasar una y otra vez por la puerta. Con fuerza algunos días, con lágrimas otros, con alegrías, con vino, con frustraciones, con despidos, con quiebres, con camisas, con flores secas, con muertos y después pasaron fantasmas y se gritaron goles y se dijeron mentiras y se soplaron velas.
Y ahora ahí, la puerta, seca, muda, abierta. Y ya no sé si alguien vendrá o si ya habrán muerto todos allá afuera esta tarde que mientras hablaba se convirtió en noche. Así que mejor prendo una vela, para negar la noche.

por lucas.

miércoles, 22 de junio de 2011

Charla en una ruta

Dos compañeros de trabajo, de unos 50 años, en un coche que cruza por una ruta vacía, en la noche. Los encontramos en medio de una conversación.

Conductor: Y ella se pasa la semana viajando de acá para allá. Y encima los sábados también labura.
Copiloto: Pero che, eso es mucho esfuerzo.
Conductor: “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”. O de mujer, en este caso.
Copiloto: ¿Qué decís?
Conductor: Es una frase.
Copiloto: ¿De dónde la sacaste?
Conductor: De dónde la saqué….es una frase que decía mi abuela.
Copiloto: ¿Qué quiere decir? ¿Cómo era?
Conductor: “El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre”. Es una frase que decía mi abuela. Siempre la decía. También decía: jue de men, jue de villene.
Copiloto: ¿Qué?
Conductor: Juego de manos, juego de villanos, en francés.
Copiloto: No sabía que sabías francés.
Conductor: No sé, sólo se esa frase y ni siquiera sé si está bien pronunciada. Pero mi abuela la decía así…y también decía esa otra que te dije antes. Para mi tiene bastante sentido.
Copiloto: Para mí es una pelotudez.
Conductor: No, pero mirá que es una frase de un groso eh, no se si no es de Ghandi o de alguno así. O de Shakespeare.
Copiloto: ¿Y qué? ¿Por qué la dijo Ghandi o Shakespeare ahora me tengo que mear encima? ¿O ahora Ghandi o Shakespeare nunca dijeron una pelotudez? Si querés lo dejo a Ghandi tranquilo, con todo lo de la espiritualidad y todo eso, pero Shakespeare, dicen que era un borracho.
Conductor: ¿Quién dice?
Copiloto: Lo leí por ahí. No sé, la cosa es que no me va a cambiar el sentido de la frase porque la haya dicho alguien más o menos importante.
Conductor: ¿Lo leí por ahí? Claro, un tipo se mata toda su vida para ser uno de los mejores escritores de la historia para que después venga un vendedor de seguros panzón a gritarle al mundo que era un borracho, pero ni siquiera chequeó la fuente.
Copiloto: Lo que digo es que la frase es mala.
Conductor: Si ni te la acordás.
Copiloto: El esfuerzo por llegar a la cima es lo que llena el corazón de un hombre.
Conductor: No, no… “el esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para…”
Copiloto: Basta.
Conductor: Sí, basta.
Copiloto: No, que basta, que ya sé cómo es la frase, la dije más o menos igual. No estoy de acuerdo. Creo que si no llegás a la cima no llenás un puto corazón.
Conductor: No, no entendiste la frase.
Copiloto: Sí la entendí viejo, sí la entendí. ¿Ahora vos sos el literato del auto?
Conductor: No, pero chequeo la fuente, no como otros.
Copiloto: Tu abuela.
Conductor: ¿Qué te pasa?
Copiloto: No, digo, que la fuente es tu abuela.
Conductor: Ah…sí…bueno, pero mirá que mi abuela era más culta que la mierda, eh…vino del interior, de La Pampa, pero pasó por cuanto grupo de teatro había en la provincia y después en Buenos Aires iba siempre al teatro, siempre. Así que es una buena fuente. Y decía siempre esa frase, por eso me quedó.
Copiloto: Si, está bien.
Conductor: Y eso que era una frase larga para decir, pero la decía seguido. Aunque siempre para cosas pelotudeces. En eso era genial la vieja. Nos mandaba a sacar la basura y se mandaba esta frase de Shakespeare.
Copiloto: O de Ghandi.
Conductor: Quién sabe. La decía cuando nos mandaba a sacar la basura. Yo o mi hermano, cualquiera de los dos que se encontrara ante esa tarea, nos poníamos a putear. El departamento de mi abuela era, sigue siendo, bah, el departamento sigue siendo…en un segundo piso pero tenía descansos largos la escalera, como pasillos casi. Entonces había que caminar yo creo que unos buenos 200 metros desde la cocina hasta la calle, con la bolsa de basura. Y siempre alguno de los dos terminaba yendo. Casi siempre mi hermano, que era más chico. Pero bueno, la cosa es que cualquiera de los dos que iba, iba puteando. Y ella miraba desde la puerta abierta y se reía diciendo esa frase.
Copiloto: Piola la vieja.
Conductor: Yo nunca entendí esa frase, la repetí como un loro a mis hijos toda la vida. Cuando eran más chicos, cada vez que alguno tenía que ir a buscar algo que le pedía la madre o en las vacaciones, cuando hacíamos un asado que había que ir a buscar leña al bosque. Se ponían a putear los pendejos. Y yo la citaba a mi abuela, yo y mi hermano, ahora con un vasito de vino en la mano, poníamos la voz de la vieja y decimos lo del esfuerzo. Y nos cagábamos de risa de ver a los pendejos rezongando como nosotros. Pero el día que murió mi vieja me saltó sola.
Copiloto: ¿No era tu abuela?
Conductor: No, sí, la decía mi abuela. Pero el día que murió mi vieja me saltó la frase así en la cabeza. Mi abuela ya había muerto hace años. Pero me saltó sola la frase. Estábamos en la casa de mi cuñada, que tiene jardín, y yo me fui a fumar un pucho, en el velorio. Y estaba mirando la pileta y las hojas que estaban ahí en la pileta. Y me vino la frase y la entendí por primera vez.
Copiloto: ¿Qué entendiste?
Conductor: La frase…la entendí. Que no había ninguna cima para llegar, o que en todo caso no importaba la cima. Porque en el caso de mi vieja, en ese momento, en el velorio, la cima de ella para mí era un cajón marrón tan solemne como absurdo. Entonces dije, bah…pensé…claro…me acuerdo que pensé: ¿qué cima? El esfuerzo, el camino es lo que importa. No hay ningún lado a donde llegar. Eso pensé, mientras miraba las hojas en el agua.
Copiloto: Che, ¿por qué no frenamos acá? Mirá que no sé cuándo tenés la próxima.
Conductor: Dale…frenemos acá nomás.

por lucas

miércoles, 15 de junio de 2011

La muerte de un pájaro

Todavía recuerdo como una nube verde de hojas, recuerdo que algunas se quebraron, que las quebré con el pico en la confusión y los nervios y después una sensación de impulso en mi estómago, como una patada cortita desde adentro, como si mi cuerpo empujara a mi propio cuerpo. Después: todas las plumas erizadas en un segundo. Dicen que nadie puede recordar el primer vuelo. Uno de mis hermanos decía: “no hay memoria de esos momentos”. Pero yo una vez conocí un búho que recordaba el día en que nació, entonces quién me va a decir a mí que yo inventé mis recuerdos. Era un búho aterrador. Muy aterrador. Por lo menos para mí, porque yo creía que los búhos podían comerme. Otro de mis hermanos me lo había dicho una vez, para asustarme y lo había logrado. Yo me dormía muchas veces pensando en eso. Incluso trataba siempre de no ser el último contra las paredes del nido. Buscaba dormir en medio de la fila. Me aterraba la sensación de ser el último contacto entre el nido y el mundo, entre el nido y la noche. Muchas veces no podía dormir y mis hermanos me decían: “no seas estúpido, los pájaros no comen pájaros”. Pero yo seguía sin dormir. Y una tarde me topé con este búho; el búho que recordaba su nacimiento. Yo con un año y con el temor absurdo de ser devorado por un búho. Él, paciente en su rama gruesa, sereno y muy serio. Casi me choco con él. Yo volaba hace pocos meses y salí detrás de una hoja grande creyendo que después venía el aire fresco y el campo y en lugar de eso me encontré con su figura. Venía “pensando demasiado”, como dirían mis hermanos. Pude esquivarlo pero no a la rama más pequeña que había junto a él. Ahí estaba yo, tirado sobre el mismo suelo de madera sobre el que se posaba el peor de mis temores. Me miró, se rió con ganas y me dijo: “bienvenido”.

Ese fue el primero de muchos encuentros y el comienzo de una amistad. Pensar que le temía y después descubrí en él a una especie de maestro. Él me enseñó sobre la calma, sobre el silencio. Era él el que decía recordar el día en que nació.

Una tarde yo andaba triste, ya no recuerdo por qué, pero andaba triste. Y él me dijo: “¿te acordás del año pasado, cuando llegó la primavera? Todavía me acuerdo cómo saltabas de una rama a la otra, cómo jugaban todos ustedes (por mis hermanos y por mí, lo decía) yendo del álamo a los charcos, a rozar las flores con sus picos”. Yo asentí levantando levemente las alas, resignado. Él me dijo: “Si lográs recordarlo, ahora también estarías feliz. Si uno hace fuerza, puede recordar todas las cosas buenas y volver a vivirlas. Y también entender que las puede vivir una vez más si quiere”. Y me decía una frase, que no era de él, según él se la habían contado, y decía: “por la noche, en la oscuridad, la nieve sigue siendo blanca aunque no la veamos”. Y en una de esas charlas me contó cómo él recordaba el momento en que había nacido. Me dijo que para él era muy importante recordarlo, para disfrutar de su vida, que era un regalo. Así decía, mientras miraba el campo: “Yo se que todo esto es una especie de extraña casualidad. Yo, la rama, el aire, el campo, el sol. Esa casa que se ve allá lejos, con su humo y su olor. Es extraño y mágico que todos estemos aquí. Por eso recuerdo mi nacimiento”. Una vez también me dijo: “no sólo soy consciente de eso, también soy consciente de que pude no haber sido… y de que algún día ya no seré”. Y allí volvía a formarse ante mí toda su imagen de búho, de misterio; otra vez el temor. Pero él podía pensar eso y estar tranquilo. Yo en ese momento no veía más allá de mi próxima carrera contra las flores, la próxima aventura. Ese era mi futuro más lejano: correr como un loco por el aire hasta estar a un centímetro de una roca, de la tierra, del agua y ahí doblar y subir y gozar de mi velocidad, de mi juventud. Con el tiempo fueron decantando sus palabras. Y comencé a hacer ese ejercicio de recordar. Por eso puedo recordar mi primer salto, la primera vez que pude volar. Aunque mis hermanos se hayan reído tanto de mí. Recuerdo mis plumas erizadas y la sensación de no tener suelo y la extraña sensación de que podía confiar en no tener suelo y que el suelo llegaría cuando yo quisiera y no me caería, ya no me caería. Dejar atrás el álamo un metro, dos metros, cincuenta metros, cien metros. Dejar atrás el álamo hasta que las proporciones se invertían y ahora el álamo era un punto pequeño detrás y la casa del hombre algo grande, y ver un techo, una teja, sentir el humo de la chimenea hacerme cosquillas en el pico y empaparme las alas, ahumarme las alas si yo así lo quería. Y después correr en picada hacia el agua y bañarme y desahumarme y secarme con el viento subiendo rápido. Y volver al álamo. La sensación de volver al álamo, al suelo de madera. Ahora veo al viejo álamo con el rabillo del ojo y se con seguridad que ya nunca volveré a su suelo. Una de mis alas ya no responde y será cuestión de días o de horas para que algún animal me encuentre. Por lo menos se que no será un búho, porque los pájaros no comen pájaros. Un búho es el que me salva de este momento, el búho que me enseñó a recordar. Y puedo agradecerle por estar aquí tendido y recordar mi primer salto, mi primer vuelo. Puedo sonreír con mi pico lleno de tierra y mirar mi ala manchada con sangre. Sus palabras me ayudan a entender ahora que pude no haber sido y también que ya no seré. Y que una vez volé por primera vez y llené mis plumas de aire. Que se hincharon mis plumas y se llenaron de viento por primera vez y que mis garras pequeñas no encontraron el suelo y se marearon y sonrieron y se inclinaron ante el viento fuerte y que planeé y que volví mucha veces a un álamo para volver a partir a volar muchas veces más. Todas las veces que quise volar.

inspirado en "Balada del Álamo Carolina", de Haroldo Conti.

por lucas

miércoles, 18 de mayo de 2011

La esquina de mi suelo

Con el tiempo me encontre a la vuelta de la esquina, y me di cuenta que estoy cada vez mas religioso,por suerte, sino ¿que seria de todas las alamas en el infierno si yo no creyera que existen? Digo, y por si se me considera un blasfemo, no lo digo más, aunque por vos lo repetiria mil veces, no importa a quien ofenda, si es por vos. A lo que va el cuento es a eso, a mi religion, a vos, y a los demas, a los que estan en el cielo esperando que se abran las puertas para ir al infierno, y los que estan en el infierno esperando que un dia nieve. Yo al ver que eras dueña de todo, me aleje, ya que estando bien cerca del te podes quemar, o quedar bizco, o te pueden dar una patada en las pelotas, asi que bien cerca por ahora no. Soñe con la totalidad del ser en su maxima expresion, soñe con perros, y con Stevie Wonder, una ventana, vos parada sobre la ventana, una remolacha y dos dioses tocando bossa nova, y yo ahi mirando a traves de los ojos de otro, la mirada estupefacta de un idiota como yo mirandote a vos.

viernes, 8 de abril de 2011

Mira cuantas maravillas en las tierras del Señor

Mira cuantas maravillas en las tierras del Señor, mira cuantos hijos hay en tu tierra Señor, pero por favor no me mires, hoy soy el peor de tus hijos, pertenezco a la categoría de las cucarachas y las hormigas, eternos enemigos del nido, nido hecho de cables pelados, cadenas salidas y tornillos en el piso, cada vez mas adentro de el caparazón que envuelve al peor de los hijos del Señor, como cada vez que el mundo se te derrite en las manos, y solo tenes un nudo en la garganta, que el silencio se apodere de tu garganta y que te vayas…. No tengo palabras, no tengo nada, no te tengo a vos… perdí…

Salmón

Uh… sabia que me estaba siendo difícil la marea, pero le resté importancia, no, me dije no, esto no es más que otra colina, no es más que otra encrucijada, lo sé, por eso le resté importancia y seguí nadando, río arriba… descanso…
Tú has sido quien ha precipitado el fin de mis días, “El ocaso del nadador” debería llamarse mi biografía, porque nadé toda mi vida… me gesté en el mar de la vida, y de ahí en adelante nadé, yo, nadé, no corrí, no trepé, no ascendí en mi vida, todo el tiempo estaba nadando, a veces un poco mas rápido, otras como delfín… pero siempre río arriba
“El comienzo de una era” dijeron cuando nací, ¿Ves? Vos seguro que cuando naciste dijeron “Señora esto parece una lechuza”, ami me dijeron que era el futuro, eso de lo que todos se enorgullecerían, y ahí está… me tiraron a la pileta sin alitas, nada… directo a la vida, entonces les dije “muéstrenme el río, y yo lo cruzaré, quiero lavar mis pecados, quiero ser como el sol que no tiene nada que hacer mas que rondar los cielos de Dios”

domingo, 27 de febrero de 2011

Especificaciones necesarias para entender el mundo

o simplemente el hombre que estaba en la entrada con el sombrero y el reloj gigante, nos pudo haber dejado entrar, ¿que pasa con las maquinas de helado? ¿acaso estan averiadas por el calentamiento global ? Que eso no es otra cosa que una manipulacion vil, e inhumana creada por una corporacion seguro, y mas que todo eso es la ilusion de creer que lo que le pasa a el mundo es que tiene calor, bueno loco a todos nos pasa, sobre todo a los que nos sudan los pomulos. Es increible ver como un angel se aparece por el costado del monitor de la pantalla, y nos dice como esta ,el verano es espectacular, un hombre fue tiroteado fuera de su casa, lo detectives investigan, y los enemigos en comun que tenemos con Saddam me encontraron pero por suerte tenia un escudo hecho de niños, en realidad soy como el hombre que todos esperan que estalle como una bombita que se uso mas de 1 año, mas que estallar, que colapse, eso colapsar, como el trafico, el transito, seguro tambien lo haces vos. A esos chicos que salian en esa propaganda del gobierno de la Nacion, cuando terminaron de grabar un acoplado los paso por encima, todo porque no se fijaron a los costados cuando cruzaron la calle, o quizas porque el camion venia por la vereda, ya que el camionera, como el mundo, se estaba cagando de calor y pensando en la reina de Inglaterra que si se le ocurre que necesita los servicios de el tiene que estar atento, pero no lo estaba, porque la bailarina hawaiana que mueve las caderas que esta en ña parte de adelante de su camion, fue brutalmente asesinada por el perrito que menea la cabeza, que todos pensamos que cuando se compra uno de esos, no se va a rebelar, o que si le enseñas a buscar una pelota te vas a divertir toda tu vida, pero no, los perros no son confiables, bah, son tan confiables como tener cianuro en la casa, o dejar dormir un bebe en una licuadora, es lo mismo, los perros son los mas mortiferos mamiferos sobre la tierra, ¿ o acaso nunca has visto pelear un perro contra un dinosaurio ? ¿no estudiaste en la escuela nada ?



tom

miércoles, 5 de enero de 2011

avión

Cuando viajo en avión
veo todo desde arriba
como un filósofo.

Siento que la tierra que dejo
será distinta cuando vuelva
y que el mundo al que viajo
tendrá sorpresas.

Días más tarde aterrizo en la tierra que dejé
y me olvido que volé,
hasta que vuelvo a volar.

por lucas